
Según Muguruza, el «distanciamiento» entre Revilla y él se gestó hace «dos o tres años», cuando el alcalde defendió los intereses de Castro ante el «clientelismo político» que percibía en la región. «Los sumisos, los socialistas y los amigos de sus amigos tienen opción a todas las posibilidades del reparto presupuestario. Quienes exigimos lo que creemos justo para nuestras ciudades pasamos a ser sospechosos de deslealtad al partido», asegura Muguruza. Siempre según su versión, la gota que colmó el vaso fue pedir al presidente cántabro que «sus interventores ofrecieran un informe detallado» sobre cómo se distribuían las subvenciones regionales. «Fue el principio de mi fin», se duele el primer edil.
Pese a que afirma que seguirá guardando el «máximo respeto» al PRC mientras figuren entre sus afiliados «magníficos y honestos compañeros» a los que aprecia «infinito», el alcalde dice asistir «entre atónito y decepcionado» al «hundimiento» del proyecto regionalista por culpa de la «obstinación megalómana» de Revilla. «No ha dudado en intentar usar a Castro y a mí como moneda de cambio ante Dolores Gorostiaga (PSOE) por ver cumplidas sus ambiciones», lanza.
«Me voy, me echan, arropado con los aplausos de miles de castreños que no estuvieron en la minoritaria pantomima representada por Revilla y Gorostiaga frente a este Ayuntamiento que no han sabido respetar», sentencia en referencia a la concentración del 22 de junio contra el transfuguismo.








