
LAS FRASES
El 2 de julio, apenas puesto un pie en el país árabe, un atentado suicida segó los planes de la expedición. Acababan de visitar los restos del palacio Mahram Bilquis, construido en honor a la reina de Saba hace 3.000 años en la localidad de Marib, situada 170 kilómetros al este de la capital Sanáa. Cuando el grupo se disponía a reemprender el rumbo, un kamikaze estrelló su vehículo cargado de explosivos contra el convoy de turistas, que viajaban en todoterrenos y protegidos por una escolta armada.
El brutal ataque, que lleva el sello de Al-Qaida, segó la vida de nueve personas -cinco catalanes, dos guipuzcoanos, un conductor y un guía local- e hirió a otras cinco mujeres -tres vizcaínas, una alavesa y otra barcelonesa-. Víctima del macabro azar, María Asunción Vitorica, natural de Amurrio aunque residente en Galdakao, sufrió las heridas más graves y tuvo que ser intervenida por un equipo de neurocirujanos locales de una lesión ocular y un edema cerebral causado por la metralla.
Nueve días después, la alavesa continúa en el hospital. Y el pronóstico no es bueno. Aunque fuentes del centro médico yemení donde permanece ingresada anunciaban el miércoles que la mujer había entrado en «situación de muerte cerebral», ayer su hermano Javier, que se encuentra en Yemen junto a otra hermana, daba cuenta de las últimas pruebas. «Le han hecho un encefalograma y denota cierta actividad. El estado es crítico pero habrá que esperar 48 horas», indicaba en conversación telefónica con este periódico desde el país árabe. Javier atiende correcto a los medios de comunicación, a pesar de que «a ratos sí y a ratos no» el ánimo flaquea.
El resto de la familia espera en vilo noticias en la casa familiar de Amurrio. Aunque hace años que Vitorica reside en Galdakao, «su hogar sigue estando en Amurrio», señala otra de sus hermanas -son ocho-. Abrumados por la presión mediática a la que están sometidos, han nombrado una portavoz, Lucía Muguruza, cuñada de 'Asun', como ella le llama cariñosamente.
Con ánimo incansable responde a los periodistas y a las amistades que llaman cada día preguntando qué se sabe de Asun. De los amigos de su cuñada, Lucía escucha lo que ella no se cansa de repetir. «Tiene un corazón espléndido y buen temple. Es de las que da buenos consejos y le gusta echar una mano a la gente en momentos difíciles. Ha unido mucho a la familia». Y la visita cada poco. «Cada quince días suele venir a Amurrio. Hermanos y amigos han formado un grupo de montaña y les gusta hacer excursiones». Su hermano Javier la dibuja como «una mujer intrépida y valiente», que nunca tuvo otro percance fuera de casa.
«Bien documentada»
«Es la viajera de la familia», apunta Lucía, quien recuerda que no hay año que no coja la maleta para plantarse al otro lado del planeta -lo mismo da India que Venezuela, Bali o México-. «No es la típica turista que se mete en un hotel y va a la playa. Dice que le gusta conocer a la gente de un país en sus orígenes, sin estar contaminados, y sus amigas me aseguran que iba bien documentada. Casi siempre hace viajes duros y una vez contó entre risas que pasó un día en Venezuela con un paquete de galletas que llevaba en la mochila. Siempre viene más delgada».
Hace un par de semanas Vitorica se despedía de su familia y sus amigos de trabajo en el Ayuntamiento de Bilbao. Desde hace 10 años trabaja como auxiliar administrativa en el área de Seguridad Ciudadana. Ayer, sus compañeros guardaban silencio, «impactados» por el trágico suceso. «Es una persona muy querida, y una gran trabajadora. No hay más que agradecimientos hacia ella», transmitía un portavoz del Consistorio.
En la capital vizcaína María Asunción se ha forjado buenas amistades. Otras las mantiene en Amurrio. En Galdakao, sin embargo, apenas la conocen. Los vecinos del bloque de la plaza Zabalgane donde vive desde hace años no identificaron a la mujer gravemente herida en Yemen con la discreta vecina del segundo. «Lo que sabemos es por los periódicos», resumían ayer.








