Ayer, el día en que se cumplían diez años del asesinato de Miguel Ángel Blanco, Rajoy estaba en Bilbao para participar en la clausura de la escuela de verano de las Nuevas Generaciones del PP. En un discurso de alto contenido partidista, el líder opositor acusó al presidente del Gobierno de haber contribuido a «liquidar» el 'espíritu de Ermua' y de hacer «añicos» el Pacto Antiterrorista por haber dialogado con ETA.
«Engañó al PP, al Congreso de los Diputados, a los españoles, cedió en cosas que no se pueden ceder e intentó mantener vivo algo que sabía que no iba a ninguna parte, porque jamás en la historia una organización terrorista que está negociando abandona sus objetivos políticas», se explayó ante su audiencia. Y añadió: «Nos ha llevado a un desenlace ruinoso».
En este punto, Mariano Rajoy aludió al reciente encadenamiento de éxitos policiales en la lucha contra ETA, con la captura de catorce activistas desde la ruptura de la tregua en España, Francia, Canadá y México. El dirigente conservador trasladó su felicitación y su «apoyo incondicional» a las fuerzas de Seguridad del Estado. Pero, a renglón seguido, añadió que «es milagroso que, en medio de esta confusión, la Guardia Civil y la Policía Nacional conserven su capacidad operativa».
«Desesperación»
La respuesta socialista no se hizo esperar. «Lo milagroso es que Mariano Rajoy siga al frente del PP, después de la oposición irresponsable e indigna que está haciendo», replicó el secretario de Organización del partido, José Blanco. «España no se merece un líder de la oposición como Rajoy», remachó el dirigente socialista, quien sostuvo que «semejantes disparates y barbaridades sólo se entienden desde la desesperación» y el uso partidista del terrorismo.






