
El nuevo inquilino del Elíseo está protagonizando una serie de actuaciones de política exterior que comprometen de hecho, o pueden hacerlo -tanto en el fondo como en la forma- al conjunto de la Europa comunitaria. Sus tesis sobre un nuevo modelo de asociación con los países de la ribera sur del Mediterráneo, en las que podría sustentarse una alternativa a la adhesión de Turquía a la UE, son un ejemplo claro de lo dicho. Sarkozy parece estar trabajando por una vía que no es la del resto de la UE. Al menos hasta ahora.
La visita de Solana, por lo tanto, había despertado expectación. En fuentes de su secretariado, sin embargo, se restaba cualquier tensión al encuentro, en el que, al decir de las fuentes en cuestión, no se habría hablado ni de la carta de los diez cancilleres, ni de la adhesión de Turquía a la UE.
La agenda del encuentro, según estas fuentes, se circunscribía a temas calientes de la PESC (Política Exterior y de Seguridad Común), entre los que se citaban los Balcanes, la situación de la problemática Serbia-Kosovo, Oriente Próximo, Líbano, Irán y el Chad, con sus proyecciones sobre Darfur. Francia, con intereses tradicionales en la zona, está dispuesta a un despliegue de Policía internacional en los campos de refugiados chadianos, invadidos últimamente por refugiados de Darfur, hasta que Naciones Unidas no despliegue Policía en la zona para restablecer el orden. Es posible que el tema sea abordado durante la reunión de ministros de Exteriores del próximo día 23.
Ayer, la Comisión europea se sumaba al coro de protestas por la carta de los diez ministros de Exteriores a Blair. La portavoz de la comisaria Ferrero Waldner, (Exteriores), Christiane Hohmann, señaló que el Ejecutivo comunitario considera interesantes las ideas contenidas en el escrito, pero que espera que sean participadas al resto de los socios comunitarios.
Los ministros de Exteriores dedican en todas sus reuniones de dos a tres horas a debatir sobre Irán y Oriente Próximo. De ahí que la carta, promovida aparentemente en solitario por Bernard Kouchner, sin incitación alguna del Elíseo, haya sentado generalmente mal en Europa y particularmente a Solana, que crítico el método de la carta abierta para tratar cuestiones que son objeto de atención habitual. En una entrevista a un diario francés, Solana asegura que «si queremos ser útiles, hay mecanismos más eficaces que las cartas abiertas».






