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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Mundo

asalto a la mezquita roja
Musharraf promete combatir el extremismo religioso «en todos los rincones» de Pakistán
El presidente asegura que la intervención del Ejército permitió rescatar a 3.300 personas mientras la prensa local denuncia una masacre
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Musharraf promete combatir el extremismo religioso «en todos los rincones» de Pakistán
ESCENARIO DE LA BATALLA. Soldados de las fuerzas especiales del Ejército paquistaní custodian una sala de la Mezquita Roja, con el techo acribillado de disparos. / AFP
Pakistán se detuvo a las nueve de la noche para seguir el discurso de su presidente por televisión. Pervez Musharraf prometió mano dura, «más policías, equipos, armamento nuevo y entrenamientos de seis meses» para formar a especialistas en la lucha contra el terrorismo «en todos los rincones» del país.

Se mostró «triste porque han muerto muchos hermanos», pero dedicó la mayor parte de la intervención a justificar la operación militar en la que el balance oficial es de «10 soldados de las unidades especiales y 75 personas muertas en el interior de la mezquita y la madrasa». El baile de cifras continua, por tanto, ya que estos datos no concuerdan con las cifras que ofrecen los medios locales, que, citando a fuentes de la investigación, hablan de al menos 280 víctimas mortales.

«Siempre abogué por el diálogo, pero las condiciones de los terroristas eran inaceptables. Pedían la amnistía para los paquistaníes y la salida del país para los extranjeros que se encontraban dentro», argumentó Musharraf, quien aclaró que la operación contra la mezquita tenía como objetivo «liberar a los civiles que estaban dentro. Podíamos haber cerrado el tema en un día, pero había demasiados inocentes». El Ejército liberó a 3.300 personas en los nueve días de ofensiva, según aseguró.

Después de aclarar que para él «las madrasas son las mejores ONGs del mundo», el general advirtió de que lo ocurrido en la Mezquita Roja no se le olvidará y que a partir de ahora controlará más de cerca el papel de los mulás para atajar cualquier foco de extremismo religioso.

Quince minutos

Los quince minutos de intervención de Musharraf no fueron suficientes para calmar los ánimos de esa parte de la población que lleva días buscando a sus familiares y no los encuentra. Al cementerio público de Islamabad llegaron ayer 73 ataúdes que fueron enterrados con un simple número de referencia a primera hora de la mañana.

No se precisó si en cada féretro había uno o más cuerpos. Cientos de personas venidas del norte del país rezaban a los muertos que descansaban en esas cajas sin saber si eran o no sus familiares. El clima era muy tenso y todos clamaban «¿Yihad (guerra santa) contra el tirano de Musharraf!», al que calificaban de «asesino».

Prueba del ADN

Uno de los responsables enviado por el Gobierno a supervisar los enterramientos quiso tranquilizar a los presentes y aseguró que «cada uno de los cuerpos está identificado porque se les ha practicado la prueba del ADN». Entre los sepultados, sin embargo, hay diecinueve cadáveres «carbonizados e irreconocibles, que podrían ser de cualquier sexo y edad», lamentó el portavoz militar, general Waheed Arshad.

A pocos kilómetros de la capital, en Basti Abdullah, miles de seguidores de Abdul Rashid Ghazi le dieron el último adiós. La ceremonia la presidió su propio hermano, Abdul Aziz, auténtico ideólogo de la Mezquita Roja y que fue detenido al intentar huir de la misma disfrazado con un burka en las primeras horas del motín. El Ministerio de Defensa puso un avión a disposición de la familia para que se llevara el cuerpo de Islamabad y lo enterrara lejos de la capital para evitar que se convirtiera en un centro de peregrinación.

Finalizada la crisis, las autoridades se disponen a derribar el escenario de la batalla, el edificio de la madrasa de Jaima Hafsa, construido de forma ilegal, y a reparar los daños ocasionados en la Mezquita Roja para convertirlo en «un lugar de paz».
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