«No esperamos un descalabro siempre y cuando no aparezca ningún elemento imprevisible. Continuamos apostando por una desaceleración del sector», subrayó Madariaga. Esta ralentización se traducirá en el caso de la economía vasca en un crecimiento más moderado de la construcción, con una tasa prevista del 4,3% frente al 5,1% de 2006. La industria y los servicios tomarán el relevo con una expansión del 4,8% y del 3,6%, respectivamente.
Con esta combinación de fuerzas, señalaron los responsables de Caja Laboral, el «crecimiento será más equilibrado» en Euskadi. La entidad financiera augura un aumento del PIB del 4% para este año, dos décimas menos que el año pasado, pero todavía por encima de la media nacional, que se situará en torno al 3,9%.
Más inversión
La tendencia hacia un crecimiento más 'sano' también se notará por el lado de la demanda. La inversión, con una tasa del 6,5%, asumirá un mayor protagonismo frente al consumo, que aumentará un 3,6%. El sector exterior seguirá teniendo una aportación negativa.
Pese a estas positivas perspectivas, Atutxa llamó la atención sobre la necesidad de «incrementar la capacidad de producir de nuestra economía, con dos factores: capital y trabajo». Se refería así a la creciente preocupación por la falta de mano de obra. En este sentido, auguró «dificultades» por las «previsiones demográficas y del mercado laboral», que, a su juicio, se deben compensar con «un incremento de productividad».
A escala internacional, los responsables de Caja Laboral plantearon dos riesgos para la economía, pese a que los pronósticos son optimistas: por un lado, la crisis inmobiliaria de EE UU y su impacto sobre el consumo; por otro, un repunte de la inflación debido al alza de las materias primas y a la menor capacidad de China e India para exportar deflación.






