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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

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«No era un hombre del islam»
Las madrasas de Islamabad se distancian de Rashid Ghazi y quieren quitarse la etiqueta de 'escuela de talibanes'
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«No era un hombre del islam»
Activistas paquistaníes se manifiestan en Peshawar. / AFP
Niños. Niños y más niños. Las madrasas de Islamabad están llenas de niños que vienen desde diferentes provincias a la capital para poder estudiar. Nada más llegar a la puerta salen con sus inconfundibles 'dopi' -nombre que recibe en urdu el gorro de punto que llevan- a saludar al extranjero y le llevan de la mano hasta su profesor. A lo lejos, una patrulla de policía controla las entradas y salidas de estas escuelas, donde se imparten clases de Matemáticas o Física, pero cuya prioridad es la enseñanza del islam.

La crisis de la Mezquita Roja ha corrido como la pólvora por las cerca de cincuenta madrasas de Islamabad y todas se quieren quitar la etiqueta de 'escuelas de talibanes', impuesta por algunos grupos políticos del país. Algunas han decidido enviar a sus alumnos a sus pueblos de vacaciones hasta que pase un tiempo, otras se han quedado sin profesores porque han sido detenidos. La mayoría condenan el uso de las armas por parte de los estudiantes y todas las visitadas censuran la forma de actuar del Ejército por el gran número de vidas civiles que han perdido la vida esta última semana.

«Abdul Rashid Ghazi no era un hombre de islam. Era un terrorista. Lo que no es comprensible es que el Gobierno haya tardado cinco meses en suspender sus actividades. Debe quedar claro que viene del mundo occidental -era Licenciado en Relaciones Exteriores-. Allí se aprende a ser terrorista, no en las madrasas. Es un invento americano». Baslit Ahmed dirige la Idraia Marif Islamia Wo Asuria (escuela del islam y del mundo). Tiene a 150 niños en el centro y lamenta la actitud de gente como Ghazi, que hacen que «todo el mundo occidental una islam y violencia».

Desde los cinco años

Los más jóvenes 5 años y los más veteranos, 25. La Idraia Marif Islamia Wo Asuria es la típica escuela islámica de la capital. «Lo de la Mezquita Roja no era normal porque de forma directa o indirecta llegaba a controlar hasta a 8.000 personas», apunta el periodista Shabbir Sibam, que tenía una cita con el líder de los estudiantes radicales el día que empezó la ofensiva para tratar el tema de la sharia en Pakistán.

«Estamos de acuerdo en todos los puntos con Ghazi. Queremos acabar con la prostitución y el alcohol en el país, nos gustaría imponer la sharia, pero no podemos hacerlo usando la violencia. Hay que educar a los niños y niñas desde muy jóvenes y con el tiempo este país será como queremos que sea», opina Baslit Ahmed, quien asegura que es de Islamabad, pero se expresa con mayor soltura en pashtu -la lengua de las zonas tribales- que en urdu.

La Mezquita Roja tenía a su lado una madrasa para mujeres llamada Jamia Hafsa. Su centro para hombres, en la otra punta de la ciudad, es el Jamie Faridie y continúa abierto, aunque debido a la detención de varios de sus profesores, nada más ver llegar a un extranjero le prohíben la entrada de malas formas. Lo mismo ocurre en la Jamia Haqania Madina, otro centro de tendencia poco moderada, donde ni siquiera dejan detenerse al taxista.

La operación militar ha provocado un ambiente de tensión en estos centros. Nadie quiere saber nada del clérigo radical muerto. Nadie le conocía personalmente y aseguran que su madrasa estaba fuera del registro oficial desde hace seis meses. «Organizaban muchas manifestaciones, pero siempre salían solos a la calle. Incluso estos días de ataques, ni una sola escuela de la capital se ha echado a la calle a apoyarles. Vivían al margen y su actividad poco tenía que ver con el islam», apunta Raja Sohail, profesor en la madrasa Fraz-ul-Islam.

Este centro es una especie de escuela de formación profesional, equipado con muy buenos equipos, en el que sus quinientos alumnos son huérfanos venidos de la frontera con Afganistán. Un pequeño hospital, biblioteca y un pequeño jardín con una hierba de campo golf completan las instalaciones de esta escuela que ahora busca fondos para abrir, al otro lado de la carretera, un centro para niñas que también carecen de familia.
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