
'Jindabyne' se inspira asimismo en el relato de Carver, aunque toma su título del pueblo australiano donde transcurre la acción. El director Ray Lawrence, que ya jugó a inquietar en la curiosa 'Lantana', se toma su tiempo para presentar la vida y habitantes de un villorrio que nació dos veces: el antiguo Jindabyne permanece sumergido bajo las aguas de un pantano. Al mal rollo que genera la central eléctrica se suman las telúricas vibraciones de los aborígenes, que, desde Peter Weir, el cine australiano se ha ocupado de mostrar como un misterioso pueblo anclado en tradiciones mágicas y cultos animistas. Un asesino en serie viene a completar el espectral paisaje de Jindabyne.
Por desgracia, la atmósfera malsana y repleta de pistas -falsas- de la primera parte del filme no lleva a ninguna parte. Lawrence sólo está adornando la peripecia central: la crisis matrimonial de la pareja protagonista, formada por un ex piloto de rallys frustrado y su esposa insatisfecha. Y, claro, cuando nos damos cuenta de que el río desemboca en Carver ya es demasiado tarde.
o.belategui@diario-elcorreo.com








