
Su objetivo es atender lo mejor posible a las personas que entran en su establecimiento y, para ello, es primordial saber qué es lo que te piden. «Ellos quieren saber lo que tienes y nosotros enseñárselo. Cuando les entiendes, su satisfacción es enorme. Así es como funciona un negocio», comenta Cristina, que ahora no pierde los nervios cuando alguien entra en su tienda hablando un idioma que no es el suyo. Más tranquila, asegura que no va a cesar en su empeño por formarse más en este campo. «Aunque sea lo haré por Internet, porque creo que es vital», apunta.
Población «flotante»
Antón Hurtado, que compartió clase con Cristina, lo tiene muy claro. «En una sociedad industrial que ha pasado a convertirse en una de servicios, cuidar estos detalles es primordial», expresa. Es propietario desde hace más de diez años de una tienda de material de bellas artes ubicada en Juan de Ajuriaguerra y, con el paso del tiempo, se ha hecho más consciente de la «población flotante de foráneos» que aterriza cada año en Bilbao. «Antes era un comercio de régimen interno», recuerda.
Este escenario, que ya no es sólo una sensación, sino que se hace muy patente entre los comerciantes, le animó a apuntarse a las clases de inglés. «Te enseñan lo que es la comunicación directa con otra persona. Se trata del vocabulario concreto de una conversación entre el cliente y tú. Soy de los que piensan que lo mismo que se exige con el euskera debería tenerse en cuenta con otras lenguas. A todos nos gusta que donde vayamos nos atiendan en nuestro idioma», concluye.








