
-No corren buenos tiempos para las relaciones entre el Gobierno y la Iglesia. ¿Pedirán alguna orientación del voto en las próximas elecciones generales?
-Nunca lo hemos hecho; sin embargo, se recordará la necesidad de votar en conciencia y de una manera general nos pronunciaremos para señalar que hay propuestas políticas más lejanas o cercanas a los principios morales que respetan la dignidad humana y los derechos fundamentales del hombre.
-El presidente del Gobierno acaba de remodelar su gabinete. ¿Qué le parece el nombramiento de Bernat Soria como ministro de Sanidad?
-Bernat Soria es muy discutido en el ámbito de la comunidad científica. Suscita mucha polémica. Además, sus posturas, en cuanto al trasfondo moral, no coinciden con la ciencia respetuosa con la dignidad humana. No debemos olvidar que una ciencia sin conciencia no es ciencia, es un peligro para la sociedad.
-¿Se refiere a las investigaciones con células madre?
-Por ejemplo. Bernat Soria ha creado expectativas infundadas a los enfermos. Les ha hecho promesas vacías e inmorales y hay que tener mucho respeto a las personas que padecen enfermedades graves.
-¿Cree que las ayudas económicas para incentivar la natalidad son efectivas?
-Están bien, pero son insuficientes. Faltan leyes sobre el matrimonio y su realidad antropológica, que no es otra que la unión entre un hombre con una mujer. La actual ley es una ley heterogénea que no respeta la historia y la cultura de la humanidad. No hay ninguna ley civil como ésta en el mundo, es bárbara en el sentido más absolutamente incivilizado del término. No se pueden socavar las bases del matrimonio, eso es algo que no se resuelve con dinero. En este momento la legislación española no es amiga de la familia por esa falta de coherencia.
-Recientemente, los padres católicos han pedido la objeción de conciencia para hacer frente a la asignatura de la Educación para la Ciudadanía...
-Es éticamente inaceptable que el Estado quiera formar conciencias y ésa es la finalidad de la asignatura. Diríamos lo mismo si se enseñara doctrina social católica, porque independientemente de su contenido esa función moral tiene que ser decidida libremente por los padres. Ante este desafío, vemos con buenos ojos que se empleen los medios legítimos para salir al paso y defender los derechos. Está en juego la libertad de conciencia. El Estado debe fomentar la educación, pero sin transgredir en los derechos fundamentales de los ciudadanos.
-Los obispos se han pronunciado sobre la unidad de España. ¿El Estado se desmembra?
-No es una cuestión de mi competencia, pero conviene recordar que la unidad de España es un elemento fundamental del bien común de la sociedad, deber ser tratada como tal y no puede ser puesta en riesgo. Este es un tema que no puede ser tratado a la ligera y en ese marco se inscribe el documento de las orientaciones morales de los obispos ante la situación de España que se publicó en noviembre de 2006.
-¿Le parece buena la idea recuperar el trato de usted en las escuelas?
-No me parece mal. A mí mis alumnos de la Facultad de Teología de San Dámaso me tratan de usted y son universitarios. No creo que eso marque una distancia, sino un respeto y un reconocimiento a la autoridad moral y científica.
-Se vaticinan nombramientos de línea conservadora entre los obispos españoles. ¿ Qué fines busca con esos cambios Benedicto XVI?
-El camino que sigue es el marcado por el concilio Vaticano II, que ha sido una gran obra del Espíritu Santo y de una profundidad increíble. Su único fin es cuidar de la identidad de la Iglesia y poner de manifiesto lo que la Iglesia aporta al mundo. A algunos no les parece bien esa autoidentificación, pero es sentido por nosotros como un momento oportuno, como una eclosión. Afortunadamente contamos para ello con un Papa magnífico, extraordinario, que conoce la Historia, la Teología, el pensamiento actual... Es un hombre libre y espiritual.








