
Iriondo, hermano Rafael, el mítico jugador del Athletic, se ha destacado en los últimos tiempos por ser uno de los más fervientes defensores del grupo de supervivientes que exige el traslado a Gernika del lienzo del artista malagueño. «Lo vi por primera vez en París mientras estuve exiliado, después del bombardeo. Bueno, antes había contemplado una reproducción en un sello de la República Checa», evoca.
Absorto en los bocetos, el vecino de la villa reconoce que, al igual que le pasó al Gobierno vasco de la época, en un primer momento la pintura encargada por la República no le gustó. «Yo no reconocía que era mi localidad, ya que no relacionaba los toros y los caballos con mi pueblo», afirma. No obstante, ahora se confiesa un enamorado del 'Guernica': «Hoy en día, cuanto más lo miro más lo aprecio».
Tanto es así que Iriondo, que ha dedicado 45 años a impartir clases en la escuela de arte local, ha estudiado a fondo la figura y la obra de Pablo Picasso. «Tenía fijación con los minotauros y la tauromaquia», señala ante la treintena de personas (muchos de ellos también supervivientes) que le acompañan por la galería. «Y cambiaba mucho de estilo», añade a modo ilustrativo.
La fuerza del malagueño
Iriondo continúa caminando por la sala de sombras. Lo hace despacio, admirando los esbozos. De pronto, el hombre se detiene en el que, dice, es su boceto favorito. Se trata de 'Mano con espada rota'. «Es tan grande la fuerza con la que empuña el arma que está incluso plasmada con más dedos de los que tiene una mano», expresa un emocionado Iriondo. A su juicio, el blanco y el negro es la técnica de dibujo que mejor representa lo que fue aquel fatídico 26 de abril de 1937. «Aunque el día del bombardeo había luces procedentes del fuego, la oscuridad era grande y Picasso supo reflejarla a la perfección». El superviviente del horror suspira y lo hace por «ver algún día el 'Guernica', en Gernika».






