
Ayer, EA confirmó el rumbo que el tripartito ha decidido imprimir a su estrategia y compareció expresamente -lo hizo el secretario general del partido, Unai Ziarreta, acompañado por la responsable de Comunicación de la ejecutiva, Onintza Lasa-, de forma significativa, en el Parlamento vasco para reivindicar el plan Ibarretxe como «vía para resolver el conflicto político» y anunciar que volverán a ponerlo «encima de la mesa» tras el verano. Una vez finiquitado el proceso de paz -y, con él, el protagonismo de las negociaciones a tres bandas entre PNV, PSE y Batasuna-, el Gabinete Ibarretxe pretende recuperar un papel preponderante y volver a hacer de la Cámara vasca el 'campamento base' que siempre ha defendido el lehendakari.
Así lo manifestó Ziarreta, que anunció la intención del tripartito de «reactivar» la propuesta rechazada hace dos años y medio por las Cortes en el próximo período de sesiones, que se abrirá con el esperado Pleno de política general de septiembre, en el que, muy posiblemente -según barrunta también su propio partido-, Ibarretxe escenificará el regreso de su plan al primer plano político. Y lo harán, dijo el 'número dos' de EA, porque el proyecto contiene las «claves» para solucionar el «conflicto vasco: «el derecho de autodeterminación y la territorialidad». «El Congreso dio en 2005 una respuesta impresentable e inaceptable al proyecto y ya dijimos entonces que la historia no acababa ahí. Ahora vamos a demostrar que quienes pensaban que con ese portazo se acababa todo estaban equivocados», recalcó Ziarreta, que abogó por llevar de nuevo el plan al Congreso. Eso sí, no aclaró qué vía elegirán para su tramitación, aunque Azkarraga ya incidió el pasado fin de semana en la necesidad de que en esta ocasión se permita la discusión de la iniciativa en ponencia parlamentaria.
«A prueba de bombas»
Preguntado por la posición de sus socios al respecto, el dirigente de EA consideró «a prueba de bombas» el compromiso de los otros dos socios con la iniciativa del lehendakari, pese a que es conocido que el sector del PNV afín a Josu Jon Imaz no ve con buenos ojos la posibilidad de rescatar un proyecto que, en su día, se reveló negativo para los intereses electorales del nacionalismo -el tripartito se quedó en 32 escaños tras las autonómicas convocadas por Ibarretxe inmediatamente después del portazo del Congreso- y que podría suponer, incluso, hacer el juego a la estrategia de desobediencia civil abanderada por el entorno radical. Ayer, sin ir más lejos, la organización de apoyo a los presos de ETA Askatasuna saludó el plan de promoción de los derechos civiles y políticos abanderado por el Gobierno vasco -que, en la práctica, pide entre otras cosas la reducción de penas por colaborar con la banda- aunque consideró que «lo más coherente» sería dar pasos más allá de «las palabras» y desplegar una estrategia de «insumisión a las leyes de excepción españolas».
Lo cierto es que el Gobierno vasco -especialmente Ibarretxe y su 'núcleo duro', que forman Azkarraga y Javier Madrazo- han ido recuperando la iniciativa y reafirmando más que nunca la validez de su proyecto más allá incluso de las elecciones de 2009 pese a la crisis de confianza entre los socios. También ha vuelto a poner sobre el tapete Ibarretxe su compromiso de convocar una consulta popular esta legislatura, aunque él mismo se impuso como condición que se celebrara en ausencia de violencia. Ayer, Ziarreta reafirmó la intención de su partido de sumar fuerzas con PNV y EB para celebrar el referéndum con independencia de que persista o no el terrorismo. «Condicionarlo a la ausencia de violencia sería atribuir a ETA carácter de agente político y permitir que nos marque la agenda y EA no está dispuesta a aceptar eso», argumentó.






