La delegación estará formada por los ministros de Asuntos Exteriores de los dos países árabes que han normalizado sus relaciones con el Estado sionista, Jordania y Egipto.
La propuesta de la Liga, que surgió por iniciativa de Arabia Saudí, prevé el reconocimiento de Israel por parte de todos los países árabes a cambio de su retirada de Cisjordania y el Golán, así como la búsqueda de una solución para los millones de refugiados palestinos que se hallan en la diáspora desde el establecimiento de Israel en 1948.
La posibilidad de que la delegación árabe consiga su objetivo es muy remota, prácticamente inexistente, debido a que Israel tiene muy claro que no piensa abandonar todos los territorios, exigencia imprescindible para la paz. Una prueba de ello es que los hebreos siguen construyendo a destajo en las colonias judías de Cisjordania y el Golán.
Sin embargo, Israel siempre está dispuesto a 'dialogar' con sus enemigos aunque otra cosa muy distinta sea su disposición a cumplir con las resoluciones internacionales que no se han aplicado desde hace décadas y que nada indica que Israel las vaya a aplicar ahora.
Los árabes, además, se encuentran solos puesto que la comunidad internacional en ningún caso apoyaría una decisión que no agrade a Israel, de ahí que ni siquiera Europa se haya implicado en la iniciativa de paz saudí.
Estos movimiento coinciden con los rumores divulgados en las últimas horas en el sentido de que Hamás y Al-Fatah están negociando en secreto en Estocolmo una salida para la crisis de la franja de Gaza.
Fuentes hebreas indicaron ayer con disgusto que en esas negociaciones están participando representantes de Irán y Arabia Saudí, y que su objetivo es restablecer el Gobierno de unidad que existía antes de que Hamás se hiciera con el control de Gaza a mediados de junio.






