
Y antes de que los prisioneros sean liberados, Olmert aún sabrá sacar partido a una decisión que en puridad y básicamente sólo beneficiará a una pequeña parte de los 10.000 prisioneros palestinos que retiene en sus cárceles y que, además, están a punto de cumplir sus condenas.
La lista que el Shin Bet -el servicio de seguridad interior israelí- presentó a Olmert fue tan restringida que hasta el propio jefe de Gobierno ha decidido devolverla a sua autores para que incluyan en ella al menos algunos reclusos que cumplen condenas un poco más largas. Pero la actitud de Olmert ha sentado muy mal a la cúpula del Shin Bet, una organización que está en manos de lo más granado de las fuerzas reaccionarias del país hebreo y que se niegan a hacer ninguna «concesión humillante» a los palestinos.
«Hemos de usar cualquier medio que refuerce a los moderados», dijo Olmert antes de debatir la medida con su gabinete y que fue aprobada con el voto a favor de 18 ministros, con la posición contraria de otros seis y con algunas ausencias notables como la del racista Avigdor Liberman.
El primer ministro israelí agregó al presentan su propuesta que su intención es conseguir crear un «clima» positivo que ayude a la reanudación de negociaciones significativas, aunque por supuesto no se refirió a las obras que sin descanso las autoridades de Tel Aviv llevan a cabo en las colonias judías de Cisjordania.
Parece dudoso que una decisión tan 'selectiva', que seguramente no incluirá a ningún prisionero de peso, vaya a ganar muchos adeptos en las calles palestinas, circunstancia que fue aprovechada inmediatamente por Hamás. Fawzi Barhum, portavoz del movimiento fundamentalista, declaró que los 10.000 prisioneros que hay en las cárceles israelíes -muchos de ellos sin haber sido acusados ni juzgados- tienen derecho a ser liberados, y que el acuerdo entre Olmert y el presidente Mahmud Abbas contribuye a ahondar la división que existe en la sociedad palestina.
Un segundo portavoz de Hamás, Sami Abú Zuhri, no dudó en calificar a Abbas de «colaboracionista» por aceptar únicamente la puesta en libertad de un grupo de prisioneros de su partido.
En medios palestinos existe un malestar creciente que no se puede ocultar por el hecho de que Israel no esté coordinando con el Gobierno Abbas los nombres que se incluirán en la lista. Pero, por otra parte, el presidente de la ANP no puede expresar en público su contrariedad porque está tratando de presentar el acuerdo de Sharm el-Sheij como un logro personal.
Barguti no saldrá
Lo que en la cumbre del balneario egipcio se anunció como una medida de carácter inmediato se ha ido demorando al no existir una lista que agrade a todo el mundo, y todavía se puede aplazar días o semanas antes de que los israelíes se pongan de acuerdo sobre quién sale y quién se queda en la cárcel. A pesar de existir una petición expresa de Abbas para que en la lista se incluya a Marwan Barguti, este diputado de Al-Fatah condenado a cinco cadenas perpetuas por un tribunal militar, seguirá en prisión.
Barguti es el político del partido del líder de la ANP mejor visto por los palestinos, no sólo de Al-Fatah sino también de Hamás. Siempre se ha mostrado favorable a la negociación, pero es inflexible en cuanto a la exigencia de que Israel debe abandonar todos los territorios ocupados en la guerra de 1967.
Otro suceso que ayer se comentaba en la región fue la confiscación de más de cinco millones de euros de una cuenta personal del líder de Al-Fatah en Gaza, Muhamad Dahlan, una confiscación que llevó a cabo el primer ministro, Salam Fayad. En el entorno de Dahlan, el paradigma de los políticos palestinos mafiosos, se interpreta este suceso como una 'vendetta 'de Fayad porque Dahlan no supo impedir que la franja de Gaza cayera en manos de Hamás.
Precisamente en la propia Gaza, unos trescientos palestinos seguidores de Al-Fatah participaron ayer en una sentada en la Universidad Al- Azhar para protestar la actuación de las fuerzas policiales leales a Hamás, que irrumpieron en el centro académico y confiscaron material de los laboratorios.






