
Según Ghazi, las explosiones de la madrugada de ayer causaron el derrumbe de dos habitaciones de la 'madrasa' femenina que forma parte del complejo de la mezquita, en las que fallecieron 280 alumnas y 25 alumnos. Durante toda la noche se escucharon fuertes explosiones en el entorno del templo sitiado.
Una fuente de seguridad dijo a Geo TV que los atrincherados dispararon fuego de armas pesadas, lo que desató un intenso tiroteo que hirió a una persona alcanzada por una bala a cinco kilómetros de distancia. Según la fuente, casi todos los muros exteriores de la mezquita fueron derrumbados en esporádicas explosiones registradas cada noche desde que comenzó la crisis, las últimas en la madrugada de ayer en la zona de la 'madrasa' Jamia Hafsa.
Esto permitió a las fuerzas de seguridad ocupar posiciones para un asalto, dijo la fuente a Geo TV, afirmando que éstas hicieron «disparos calculados contra los obstáculos» que se encontraron durante la operación.
Tras la denuncia de Ghazi, el portavoz militar mantuvo que el objetivo del derrumbe de los muros era también abrir camino para los estudiantes que quieran huir del cerco, que según el Gobierno son rehenes de unas decenas de radicales armados. Arshad añadió, sin embargo, que dentro de la 'madrasa' había un «gran depósito de armas y explosivos» por lo que es «posible» que «se produjeran algunas muertes».
Entierro de cadáveres
El clérigo radical, que cada día se comunica con el exterior a través de canales privados de televisión, afirmaba el sábado que han enterrado los primeros 40 cadáveres en un fosa dentro del recinto. La prensa tiene prohibido el acceso a la zona sitiada, ubicada en un céntrico barrio comercial próximo al de las embajadas y las sedes gubernamentales, y ya ha empezado a plantear sus interrogantes con respecto a la operación.
La crisis en la mezquita ha desviado completamente la atención del fuerte movimiento de contestación al presidente, Pervez Musharraf, que se formó tras la destitución hace cuatro meses del jefe del Tribunal Supremo, Iftikhar Chaudhry. De ser criticado también internacionalmente por su actuación con el juez, Musharraf ha pasado a ser aplaudido por su manejo de la crisis con los radicales de la mezquita, dos hermanos a sueldo del Estado en una institución pública que, pese a sus constantes desafíos en los últimos años, sólo ahora han sido acorralados. Según publicaba ayer el diario 'Daily Times', el 82,15% de los participantes en un sondeo a base de mensajes de teléfono móvil aprobó la actuación de Musharraf.
El líder de la mezquita, Abdul Aziz, fue detenido el miércoles cuando intentaba salir escondido bajo un 'burka', junto a cientos de mujeres que se rindieron con los primeros ultimatos del Gobierno a los radicales del templo. Pero el régimen ha intentado durante días una solución negociada con su hermano, Ghazi, 'número dos' de la mezquita, quien se declara preparado para el «martirio» antes que rendirse y afirma que los estudiantes están con él.
Musharraf descartó el sábado seguir negociando con Ghazi y pidió a los «fanáticos» de la mezquita que salgan de su «ratonera» o se preparen para morir. Pero en su ultimátum, el presidente optó por mantener un sitio prolongado al recinto para evitar que un asalto se cobre víctimas entre las mujeres y niños que hay en su interior.
Muchas de esas mujeres son estudiantes de la Jamia Hafsa, las mismas que en los últimos meses han provocado constantemente al Gobierno con el secuestro de prostitutas o el ataque a comercios de venta de música y películas que, a su juicio, no respetan los preceptos del islam.






