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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

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Federer salva su quinto Wimbledon de las garras de Nadal
Un memorable partido en cinco sets (7-6, 4-6, 7-6, 2-6, 6-2) aplaza por mínimo margen el relevo en la cumbre
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Federer salva su quinto Wimbledon de las garras de Nadal
OTRA MÁS,Y VAN CINCO. Roger Federer, que no pudo evitar las lágrimas tras derrotar a Nadal, besa la copa dorada. / REUTERS
El público vagabundeó durante días bajo el acoso de la lluvia, la nueva pista central aún no tiene techo, hay quien echa de menos incluso la estética rotunda de los saqueadores y voleadores, pero ayer nadie se quejó en Wimbledon tras un desenlace del torneo que fue una fiesta de tenis durante casi cuatro horas.

El resultado final confirmó al suizo Roger Federer como uno de los grandes en la historia del deporte. Tras su victoria de ayer iguala a Bjorn Borj como campeón en cinco años consecutivos. Y, como el sueco, Federer gana con una personalidad fría y contenida en el juego, que estalla en lágrimas con la victoria, pero es elegante y respetuosa del rival en el triunfo.

Tras recibir la copa dorada que le acredita como ganador, fue entrevistado en la misma pista y rindió homenaje a Rafael Nadal: «Es un jugador fantástico y va a estar en el circuito mucho más tiempo, así que estoy muy feliz de ganar los torneos que pueda antes que él los gane todos».

Federer no estaba pronunciando un simple discurso diplomático. Nadie sabe lo que ocurrirá en el futuro, pero todos los espectadores de esta gran final en cinco sets estaban de acuerdo en que el tenista español pudo ganar al campeón suizo en su segunda final consecutiva en Wimbledon.

Héroe local

Quizás el año pasado me faltó convicción, pero este año no ocurrirá, decía el mallorquín, la víspera. La BBC emitió en la noche del sábado el fragmento de una entrevista con él, mirando al suelo o quizás a la mesa. El pelo cayéndole por los lados, no se le veían sus ojos, era la silueta de un puma, de una bestia salvaje recientemente domesticada.

Le ha costado un año cautivar a los británicos. Cuando apareció como número dos y aspirante aquí, el pasado año, la gente admiraba su fuerza y su juventud, pero ponía reparos al embalaje comercial de la bandana, el pantalón bucanero y los bíceps. Y su lentitud al sacar y sus gestos, subir sus medias, arreglar el tirante de la braga, provocaban carraspeos.

Este año, con su inglés rudo y directo, ha podido expresar su naturaleza de chaval que compite con gesto enfurruñado en la pista y que fuera tiene un carácter bonachón, del PP y del Real Madrid en Manacor, de atleta con buenos principios en la educación familiar, que no celebra una victoria cuando su rival, Djokovic, se retira por lesión, y que no se queja de la hierba sino que se propone conquistarla.

Igualdad

Poniendo más presión en la pierna que se adelanta para el golpe, atacando con más intención cada bola, mejorando el saque. Nadal explicó cada día sus principios y las razones técnicas que le habían llevado a jugar mejor, más agresivo, que nunca en hierba. Su convicción de que podía ganar a Federer aquí era sensata.

Desde el primer set se sintió que el resultado dependería de márgenes minúsculos. Federer rompió el primer juego con servicio de Nadal atacando su débil segundo, pero el español confirmó inmediatamente lo que ya se veía venir en el peloteo. Rompió el siguiente servicio del suizo y se fueron al 'tie break'. Que ganó el suizo porque simplemente le tocó, en la alternancia de los puntos, ganar dos seguidos en el momento adecuado.

La igualdad se mantuvo en el segundo set. Federer se apoyó en la fuerza de su servicio y de su cerebro para lograr 'aces' cuando más riesgo corría y Nadal se impuso en peloteos de castigo, con los dos apurando los golpes en la línea de fondo. El español rompió al suizo en 4-5, con una volea atlética desde el suelo que se convirtió en dejada y con un passing soberbio.

El emparejamiento fue de nuevo total en el tercer set, con ambos manteniendo los juegos con su servicio. De nuevo se impuso Federer en el desempate. Nadal perdió el primer punto en un largo peloteo y pareció perder también la convicción de que iba a ganar el 'tie break'. Tiró la bola larga cuando ya perdía 6-2 y se entregó a la puntilla.

El cuarto set no tuvo color. Nadal restaba a Federer con más contundencia y le rompió los dos primeros juegos de servicio. Ni siquiera cuando, con el marcador 1-4, sintió un tirón en la rodilla y tuvo que ser atendido por el masajista, pareció que corría peligro. Nadal estaba empujando al tetracampeón de Wimbledon hacia la historia.

Cuando se colocó 15-40 en el primer servicio de Federer en el quinto set, todo parecía ir en favor del español. Federer dijo después que en esos momentos pensó que se le escapaba el partido. Pero con 30-40, Nadal cometió un error no forzado, tirando larga una bola en la que pareció precipitarse para apurar.

El suizo de nuevo salvó, esta vez con la ayuda de su servicio, otro 15-40 en su segundo juego de servicio en ese set. Y ahí Nadal perdió el torneo de Wimbledon. Había tenido dos oportunidades consecutivas de romper el servicio en el último set; la pista central, la más concurrida de toda la historia, con 30.173 espectadores encelados ante una batalla vibrante, creyó que tenía un nuevo ganador, pero no ocurrió.

Regresó de las tinieblas el Roger Federer campeón. A él cuesta verle los ojos incluso cuando mira de frente. Con esa mirada aparentemente hundida se anticipa a esta generación de tenistas al observar la bola antes que nadie, logra un tiempo que se creía inexistente, para aplicar sus saberes.

Un estilo de hielo, económico de gestos, el tenista de ruedas de prensa cuatrilingües, en el que todo parece fácil y estar dirigido con gran limpieza allí donde más duele al rival y en los momentos decisivos. Roger Federer logró su quinto Wimbledon, su undécimo torneo del Grand Slam, ante un Nadal ya deprimido por la oportunidad perdida y que entregó sus últimos dos servicios.

Se marchó de Wimbledon diciendo que él es un buen perdedor, que no pasará horas en la playa, en Manacor, dándole vueltas al punto de juego que tuvo, al torneo de Wimbledon que acarició. Dijo que la felicidad es mejorar y que él es feliz porque ha mejorado. Y que habrá un año que viene. Lo habrá. Y regresará a Wimbledon. Donde primero vieron al chico del bíceps y la marca comercial, luego al puma noble y ayer a un chaval feroz de 21 años capaz de ganar en las pistas de hierba, a Federer o a cualquiera.
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