
El concepto surge en el año 125 antes de Cristo, en un poema de Antípatron de Sidón. En él, se enumeran las construcciones del hombre más destacadas hasta la fecha. Además del enterramiento del faraón Keops, terminado en 2570 a.C., se citaban los Jardines colgantes de Babilonia; el templo de Artemisa en Éfeso, la estatua de Zeus en Olimpia, esculpida por Fidias, el sepulcro de Mausolo en Halicarnaso, el Coloso de Rodas y el faro de Alejandría.
Hilary Swank y Ben Kingsley fueron los encargados de conducir la gala celebrada en el Estadio de la Luz, al más puro estilo de Hollywood. El evento fue retransmitido para 1.600 millones de personas en todo el mundo; en el actuaron numerosos artistas como José Carreras, Joaquín Cortés, Dulce Pontes y Jennifer López.
ONU sí, Unesco no
Durante la gala se leyó un comunicado de apoyo de la Organización de Naciones Unidas, en el que se decía compartir «el objetivo de encontrar soluciones para el desarrollo» con la fundación New7wonders, organizadora del concurso.
El magnate suizo Bernard Weber, responsable de esta iniciativa, anunció que la mitad de los fondos conseguidos (cada votante ha tenido que abonar entorno a dos dólares para hacerlo) serán destinados a labores de reconstrucción del patrimonio cultural, por ejemplo, el Buda gigante de Bamiyán, dinamitado por los talibanes en Afganistán. Hace una semana, la Unesco (organismo perteneciente a la ONU) se desmarcó de todo lo que tuviera que ver con la elección de las nuevas siete maravillas, por entender que eras más un negocio que otra cosa.
Para los que se arrepientan de no haber expresado su opinión en esta ocasión, el organizador suizo ha puesto ya en marcha un nuevo concurso: las siete maravillas naturales del mundo. El funcionamiento es similar al de las nuevas maravillas de la humanidad y los resultados se conocerán el ocho de agosto de 2008.






