Carlos se encontró en la puerta del campo con una entrada de sobra y sin tiempo para llamar a nadie. Después de explicármelo me planteó el dilema en su carta con estas tres preguntas: «¿Qué hago? ¿Qué dicta la lógica? ¿Qué hubiese hecho usted en mi caso?» Pero en vez de contarme cómo resolvió el dilema, se le ocurrió terminar su carta diciéndome que «la solución después de la publicidad».
Al cabo de unos días me llegó una segunda carta de Carlos, pero en vez decirme lo que hizo con la entrada, decidió tomarme el pelo y volver a repetir eso de «la solución después de la publicidad», por lo cual decidí no acusar recibo a la segunda carta y esperar a ver si me escribía de nuevo dándome su solución. Y como no lo hizo olvidé el asunto y cada cual con su cada cuala.
Ahora recibo otra carta de un lector que se llama Ángel T. P. S. el cual es, según leo en su tarjeta, un 'Agente de Jugadores RFEF', que quiere saber lo que hizo por fin Carlos P. E. con aquella entrada sobrante, porque el asunto le ha intrigado.
Pues mire usted amigo Ángel, que no puedo aclararle nada porque Carlitos, el de la entrada sobrante, después de tomarme el pelo un par de veces no ha tenido la cortesía de volverme a escribir y estoy pensando que quiso tomarme el pelo. Quizá todo fue un invento de su imaginación o el sueño de una noche de primavera.
En el caso de que el hecho fuese cierto y Carlos se hubiese encontrado efectivamente con el problema de la entrada sobrante, y en el caso de que al leer estas líneas se acuerde de pronto que me debe una explicación, y en el caso de que me la de, cuente usted con ella. Yo se la contaré desde aquí al amigo Ángel T.P.S. «Agente de Jugadores RFEF».








