Un recorrido que a veces se hace en sentido contrario al tradicional. Un ejemplo es lo que sucede con la escuela de música de Peñaranda. En vez de iniciar a los niños y jóvenes en los autores clásicos, lo que desanima a muchos porque esa música de entrada no les gusta, les inician en el jazz y el pop-rock. Incluso forman grupos y graban discos de sus conciertos. Luego, algunos de esos músicos se interesarán por la clásica y caminarán hacia ella. Pero, de entrada, han conseguido que sean muchos más los alumnos entusiasmados con la música.
Algo parecido sucede con Internet. Hay programas de lectura en línea, pero primero hay que interesar a los usuarios en otras cosas. Por ejemplo, un grupo de señoras preparaba hace unos días un viaje a París entrando en la web del museo del Louvre. La literatura hipertextual está varios pasos más adelante, pero el camino es el correcto.
La radio y la televisión son medios de gran atractivo. El Centro de Desarrollo Sociocultural de Peñaranda tiene programas en los medios audiovisuales locales... para hablar de historias que están en los libros. Y, cuando alguien quiere leer pero no puede, siempre hay gente dispuesta a hacerlo para ellos. Veinte voluntarios -uno de ellos, el director del centro- van varios días por semana a leer libros a personas que no pueden salir de casa y no tienen acceso a la literatura. «Yo leo para dos señoras mayores, y he descubierto que con lo que más disfrutan es con las historias de 'Manolito Gafotas'», comenta Hernández. A otros les gusta más la historia o los temas locales. Da igual. El tema no importa. Lo que de verdad importa es la lectura. Y queda demostrado que fomentarla es posible. Sólo hay que ponerle imaginación.






