
REINO UNIDO
Seguridad en alerta 'severa'
Reino Unido, y especialmente Londres, vivió ayer una prueba de fuego. El segundo aniversario del atentado del 7-J coincidió además con el torneo de tenis de Wimbledon, la salida del Tour de Francia, el concierto para concienciar sobre el cambio climático 'Live Earth' en el estadio de Wembley y los entrenamientos del Gran Premio de Fórmula 1 de Silverstone, que se disputa hoy. Todo ello en un momento en que el país se mantiene en alerta 'severa' -la segunda en importancia- tras los atentados fallidos de Londres y Glasgow de la semana pasada.
Scotland Yard desplegó ayer 5.000 policías en la capital; los había por todas partes, incluso sobre el tejado del palacio de Buckingham, y podía escucharse el ruido de los helicópteros sobrevolando la ciudad. Además, se concedió más poderes a la Policía para parar y registrar vehículos en un radio de 6,5 kilómetros alrededor del circuito de Silverstone. También se paraba a los coches de manera aleatoria en las proximidades de estaciones de tren.
En los aeropuertos, se mantenía la medida de no permitir ni siquiera a los taxis que se aproximasen a las terminales. Además se produjeron retrasos, y parece que va a ser la tónica general este verano, debido al incremento de los controles. «La gente deberá aceptar que la seguridad sea más intensa. Va a ser difícil para ellos, pero pienso que lo entenderán», afirmó el primer ministro, Gordon Brown.
Según 'The Times', el Gobierno también ha puesto en guardia a los laboratorios que almacenan virus y bacterias mortales, a los que ha pedido que refuercen su seguridad porque cree que terroristas podrían estar buscando acceso a armas biológicas.
Tras los atentados del 7 de julio de 2005, Reino Unido tomó medidas para reforzar su capacidad para prevenir otra masacre. El servicio de espionaje doméstico, el MI5, contrató a más personal y rehizo su página web, ahora más informativa. La Policía también sufrió una reorganización y se crearon unidades antiterroristas fuera de Londres. «Aun así, aunque ambos organismos han conseguido acumular una base de datos sin precedentes de terroristas sospechosos, no se puede estar seguro de que todos los supuestos individuos peligrosos están en ella», aseguró el especialista de temas de interior de la BBC, Andy Tighe.
En Reino Unido están registrados unos 50.000 españoles, aunque se calcula que puede haber otros 20.000 más entre aquellos que no lo comunican y los que pasan sólo un corto periodo de tiempo en el país. Muchos de ellos son estudiantes que vienen a aprender inglés por uno o varios meses. «Dudé si venir o no, pero luego pensé que no tenía por qué pasar nada porque hay más medidas de seguridad», comenta Nuria Fuster, de Castellón, que llegó a la capital un día después del ataque en el aeropuerto de Glasgow.
Fabio García, de Orense, lleva dos meses en Londres: «No he pensado en irme, porque puede pasar también en cualquier lado. De todas formas, aquí parece que la vida sigue igual. La gente no muestra nerviosismo».
FRANCIA
Un inmenso plató de videovigilancia
Nicolas Sarkozy pretende convertir Francia en un inmenso plató de videovigilancia. El presidente francés ha encargado a su Gobierno una evaluación de los beneficios que ha extraído Reino Unido de su red de cámaras urbanas. Será el paso previo a la puesta en marcha de un plan de despliegue de un dispositivo similar por todo el territorio galo. En París sólo hay 300 cámaras en las calles frente a las 65.000 de Londres. 'Grand Frère' quiere atrapar su retraso con 'Big Brother' y multiplicar los objetivos indiscretos.
Tras las tentativas de atentados al otro lado del canal de La Mancha, Francia ha reforzado un estado de alerta que ya se encontraba en un grado muy alto durante las recientes campañas electorales. Aunque no se tiene constancia de proyectos de ataques concretos, la principal amenaza identificada procede de Al-Qaida Magreb Islámica (AQMI), franquicia argelina de obediencia a Bin Laden. Este movimiento, originariamente denominado Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, fue homologado en setiembre pasado por Ayman al-Zawahiri como brazo armado para castigar a Francia por su política en Argelia y su implicación militar en Líbano y Afganistán.
Estas temáticas encuentran gran eco en los suburbios franceses de fuerte población juvenil y musulmana de origen norteafricano. «Nuestros colegas británicos tienen un problema con los paquistaníes y nosotros, en Francia, con los magrebíes, en función de nuestros pasados coloniales», comentaba esta semana en el diario 'Libération' un oficial de los servicios secretos galos, que vigilan a una decena de grupos islamistas radicales.
«Hemos pasado de las células durmientes al unicelular durmiente», observaba por su parte el viernes en 'Le Parisien' el fiscal general de París, Jean Claude Marin. El pasado 2 de mayo los servicios de contraespionaje detuvieron a un francoargelino que preparaba por su cuenta y riesgo colocar una bomba en Nancy y había ofrecido por Internet sus servicios a AQMI. «Es un individuo socializado y cultivado con conocimientos en informática y que no frecuentaba el circuito del islam radical visible. El terrorismo tiene un nuevo rostro», sentencia el fiscal Marin.
La Unidad Central de Coordinación de la Lucha Antiterrorista (UCLAT), en su informe de perspectivas para 2007, subraya que resulta complicado detectar a «la nueva generación de 'yihadistas', cada vez más jóvenes, autorradicalizados en plazos extremadamente breves, en su mayor parte sin pasado judicial ni relación con las instituciones del terrorismo internacional y entre quienes los ciudadanos nacionales y los conversos ocupan cada vez más lugar».
Las estadísticas oficiales indican que, en 2006, 317 sospechosos fueron detenidos por terrorismo y 54 encarcelados. Además hubo 17 expulsiones de activistas islamistas, incluidos cuatro imanes.
ALEMANIA
El peligro, cada vez más cerca
El 31 de julio del año pasado, Youssef Mohamed el-Hajib y Yihad Habib, jóvenes libaneses de 22 y 23 años, abandonaron dos maletas repletas de explosivos en trenes de pasajeros que se dirigían a las ciudades de Coblenza y Dortmund. Las bombas no estallaron porque falló el mecanismo, pero a partir de ese día, las autoridades alemanas tuvieron la certeza de, alimentada ahora con los atentados fallidos de Reino Unido, de que el enemigo está en casa.
«No sabemos absolutamente nada de lo que tenemos en términos de terroristas en potencia sobre suelo alemán», admitió el titular del Interior, Wolfgang Schäuble. «La amenaza nunca estuvo tan cerca», añadió el ministro, quien hace sólo tres semanas tuvo que admitir que el origen del peligro está en la misión germana en Afganistán.
«El riesgo de ataques suicidas en muy serio», apuntó Schäuble, después de que las fuerzas de seguridad revelaran que tres personas con pasaportes alemanes habían sido detenidas en la frontera entre Pakistán y Afganistán, cuando intentaban regresar al país para cometer atentados. Peor aún, al menos una docena de activistas procedentes de Alemania se encuentran actualmente en campos de instrucción terrorista.
«Debemos contar con que se comentan atentados de suma gravedad también aquí», señaló, por su parte, el presidente del sindicato de policías, Konrad Freyberg. «Alemania ha ampliado su actividad militar en Afganistán con el reciente envío de aviones Tornado. Esto ha incrementado el peligro terrorista en nuestro país».
Desde el domingo pasado, el ministro del Interior ha utilizado todos los medios a su alcance para repetir sin cesar que la amenaza del terrorismo internacional necesita de nuevas armas para combatirlo, como vigilar las llamadas telefónicas, los móviles y los ordenadores de sospechosos.
Pero en el marco de una conferencia sobre seguridad realizada a comienzos de la semana en Berlín, Schäuble reconoció que el Estado de Derecho alemán carece de herramientas adecuadas para combatir esta amenaza.
Aparte de abogar nuevamente por el reforzamiento de los sistemas de vigilancia, el ministro desea llevar a cabo su lucha contra el terrorismo al margen del Parlamento Federal. Schäuble también quiere reformar la Constitución para permitir la intervención del Ejército contra el terrorismo, una idea que fue apoyada por la canciller Angela Merkel, pero que es rechazada por el SPD, que teme una militarización de la política interna.
ITALIA
A salvo por ahora, pero en guardia
Italia es el único país de los grandes aliados europeos de EE UU en la guerra de Irak que no ha sufrido un gran atentado en su territorio. España tuvo su trágico 11-M y Gran Bretaña su 7-J, pero Italia se sigue salvando. Es verdad que Berlusconi prefirió un perfil más ambiguo y no salía en la foto de las Azores, pero sus tropas fueron como las demás a Irak y allí sufrieron uno de los mayores atentados contra la coalición, el ataque a la base de Nassiriya que le costó 19 muertos en noviembre de 2003.
Los italianos también han padecido especialmente la pesadilla de los secuestros en el país árabe y estaban en el punto de mira en los atentados del mar Rojo, en julio de 2005 y en abril de 2006, destino por excelencia del turismo nacional. Dejaron seis muertos y tres heridos en el balance italiano. Pero hasta ahora dentro del país, nada. Esta situación crea una ansiedad que va por oleadas. Por un lado, hay una sensación de alivio provisional, pero por otro, sobre todo cuando regresa periódicamente la alarma por atentados en otros lugares, se recuerda que, estadísticamente, Italia puede ser la próxima. Por esa razón el nivel de alerta nunca desciende, aunque la percepción pública del miedo varíe según las noticias.
En este momento, naturalmente, la preocupación es mayor. Es entonces cuando se mira un poco para casa, a ver si todo está en orden y se descubre con estupor, por ejemplo, que un etíope fugado de un sanatorio mental de Roma se plantó el lunes, al día siguiente del atentado de Glasgow, en la pista del aeropuerto de Ciampino, el segundo de la capital. Había pasado tranquilamente por un agujero en la alambrada de la terminal. La actividad se paralizó durante diez horas.
Estos descuidos garrafales hacen temer lo peor, como los desastrosos simulacros de atentado realizados en Roma en 2005, que acabaron en un caos de tráfico. Tras la alarma de Reino Unido, el prefecto de la capital, Achille Serra, ha anunciado que se realizará otro simulacro en septiembre. Pero al menos la presión policial y el control sobre los puntos de riesgo es altísima. Ya desde antes del 11-S han sido detenidos decenas de sospechosos de terrorismo. Entre ellos el propio Rabei Osman, 'El Egipcio', acusado de ser uno de los organizadores del 11-M. Por lo que se ha visto, hasta el momento Italia parece más bien tener un papel de país de paso o base operativa.
La población musulmana no es tan alta como en otros países europeos y es de asentamiento reciente, una primera generación. Las relaciones de las autoridades con las comunidades y asociaciones islámicas son buenas. El Gobierno ha repetido esta semana que en Italia no se ha detectado ninguna señal especial de alarma. Pero todos saben que eso puede cambiar cualquier día, de repente.






