
Durante las maniobras, que durarán una semana, se emplearán aviones, helicópteros, tanques y piezas de artillería. Participarán además tropas guardafronteras. Se trata, aseguró un portavoz castrense, de comprobar la capacidad de coordinación dentro de la cadena de mando y entre los distintos cuerpos armados.
Aún se recuerda con horror el secuestro en la escuela de Beslán (Osetia del Norte), en donde perecieron más de 300 personas, la mayoría niños. El alto número de víctimas de aquella tragedia, en 2004, se debió sobre todo a la descoordinación y a la participación de civiles armados.
Goteo de muertes
Beslán fue la última acción terrorista de envergadura que golpeó Rusia, pero el goteo de muertos en el Cáucaso Norte no ha cesado todavía. De ahí que continúe la psicosis. El jueves por la noche, un cuartel del Ejército ruso en Ingushetia, república pegada a Chechenia, fue atacado por decenas de activistas islámicos. Además de armas automáticas, utilizaron morteros. Afortunadamente no hubo víctimas, pero todo el comando logró huir.
Moscú sigue siendo una ciudad bajo amenaza permanente de atentados. Cualquier concentración masiva de personas va acompañada de un enorme despliegue policial y de la instalación de arcos detectores de metales por todas partes. Las medidas de seguridad en los aeropuertos son, al igual que en Europa, minuciosas y molestas para los pasajeros.
Las cámaras de seguridad han proliferado por doquier, sobre todo en el metro, y gracias a ellas han desaparecido de las paredes las pintadas y los carteles. Cada vez es más frecuente ver patrullas policiales con perros adiestrados para reconocer artefactos explosivos. Otra medida incomoda son los controles en las carreteras de acceso a Moscú, que se intensifican cada vez que la ciudad es sede de algún evento importante.
El balneario de Sochi, que acaba de ser elegido sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014, es ya la principal preocupación de las autoridades rusas.






