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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Economía

ECONOMÍA
La crisis de los convenios en Euskadi amenaza con ahondar la brecha entre los trabajadores
Mientras los asalariados que renuevan sus acuerdos logran fuertes mejoras laborales, una parte muy importante los tiene congelados desde hace años El bloqueo de los convenios provinciales del metal es el caso más palpable
08.07.07 -
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La crisis de los convenios en Euskadi amenaza con ahondar la brecha entre los trabajadores
SIN CONVENIO. Trabajadores del comercio de Vizcaya, en una protesta del día 2. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ
La imposibilidad de alcanzar un acuerdo en el convenio del sector del metal de Vizcaya y la retirada, por cuarto año consecutivo, de la patronal de la mesa de negociación -decisión que puede repetirse en breve en Guipúzcoa y Álava- son la evidencia más palpable de la crisis en la que se encuentra la negociación colectiva en Euskadi. Una crisis que repercute sobre las decenas de miles de trabajadores que llevan varios años sin renovar sus condiciones laborales y los centenares de miles que no han pactado aún las del presente ejercicio. La situación amenaza la esencia misma de la negociación colectiva y puede conducir a un nuevo modelo con grandes masas de asalariados marginadas. Un mercado laboral dual entre los que tienen convenio y los que no lo tienen.

Al revés que en los desengaños amorosos, en los convenios el tiempo no lo cura todo; por contra, agrava la situación y complica el retorno a la normalidad a medida que transcurren los años. Así ha podido comprobarse en los sectores del metal de Vizcaya y Álava -sin renovar desde 2003-, que en la negociación de este año no han podido superar la rémora y los problemas añadidos que supone no haberlo negociado en los ejercicios precedentes. Y cualquier observador del panorama laboral vasco sabe perfectamente que no existen indicios en la actualidad que permitan aventurar una mejora de la situación a corto plazo.

Condiciones congeladas

Decenas de miles de asalariados no han tenido otra mejora desde hace años en sus condiciones de trabajo que las subidas recomendadas por las patronales ante la imposibilidad de alcanzar acuerdos. Unos incrementos que no alcanzan a todas las compañías; que son, en general, inferiores a los peores convenios firmados y que están por debajo, incluso, de las ofertas empresariales en la negociación frustrada. Y es que, tal como responsables de las patronales,«la firma tiene un plus».

Aunque hay consenso general en que una situación de este tipo no favorece a nadie, los representantes empresariales y sindicales se atribuyen mutuamente la culpa de lo que sucede. En cualquier caso, el hecho objetivo es la incapacidad de alcanzar acuerdos.

Este panorama puede conducir a modelos totalmente nuevos de negociación colectiva, con el riesgo de desprotección para grandes masas de trabajadores y la agudización del dualismo laboral, alertan diversas fuentes consultadas, entre las que existe también amplias coincidencias sobre las causas, consecuencias y alternativas a esta crisis.

CAUSAS

Por un puñado de horas

Si se ha de creer a los negociadores, la reducción de la jornada laboral se ha convertido en el gran escollo del avance de las negociaciones. La patronal ha hecho bandera de la congelación del tiempo de trabajo anual, que en Euskadi es en general el más bajo de España y tiene que envidiar poco a los más reducidos de Europa. Los sindicatos quieren recortarlo más, aunque con distintos grados de prioridad entre ellos. La aceptación por parte de la patronal guipuzcoana Adegi de rebajas en los convenios provinciales de la construcción y de artes gráficas les ha dado argumentos para mantener sus exigencias.

DAMNIFICADOS

La pequeña empresa

La actual situación tiene unos claros damnificados: los trabajadores de las pequeñas compañías y microempresas que dependen forzosamente de un convenio sectorial que no ha sido renovado. Su capacidad para trasladar esa negociación a la empresa es nula o muy baja. Este colectivo suele alcanzar, e incluso rebasar, la mitad de los asalariados de cualquier sector.

Estos trabajadores no han visto en años mejorar su convenio, salvo el incremento salarial aplicado voluntariamente por el empresario. Capítulos como la jornada, las vacaciones, dietas, coberturas por baja de enfermedad, etc. permanecen congelados. Por supuesto, al no salir adelante el convenio, la posibilidad de desarrollar en la negociación colectiva otros asuntos -ley de igualdad, jubilación forzosa o parcial...- también desaparece.

En otras palabras, no es que a estos asalariados se les caiga el cielo sobre la cabeza, sino que les ha desaparecido el suelo sobre el que sustentaban sus condiciones de trabajo, con frecuencia más precarias en estas pequeñas empresas que en las grandes y medianas.

EL RIESGO

Dualismo laboral

La profundización en la existencia de dos clases de asalariados -los que tienen convenio y los que no- es más que un riesgo palpable, una realidad que se suma a otros circunstancias de marginación que afectan a jóvenes, mujeres, inmigrantes y trabajadores con todo tipo de contratos precarios.

Precisamente, uno de los obstáculos que frena la negociación de los convenios es la exigencia sindical de rebajar la precariedad laboral, con demandas sobre estabilidad, freno a la subcontratación etc. Pero el resultado final hasta la fecha es el agravamiento de la situación.

ALTERNATIVAS FRACASADAS

Escasa capacidad de movilización

Hace ya unos años que los sindicatos minoritarios y las patronales renunciaron a suscribir convenios de eficacia limitada, opción que permitió durante un tiempo la renovación generalizada de las condiciones laborales, dado que a la postre los pactos se aplicaban a todos los trabajadores

La alternativa de la movilización es un arma de corto alcance en los sectores; de hecho, los sindicatos la utilizan con cuentagotas. Las huelgas sectoriales, la mayor medida de presión, no han sido precisamente un éxito en las áreas donde han sido convocadas para 'empujar' la negociación del convenio.

Por otro lado, la constitución de una mayoría sindical alternativa entre CC OO, UGT y LAB se ha aplicado en contadas ocasiones ante las reticencias de esta última central a aparecer en un bloque del que forman parte centrales 'españolas', según aseguran fuentes sindicales y empresariales; un extremo que ELA se ha encargado de 'recordarle' cuando ha dado ese paso.

LOS OTROS CONVENIOS

Normalidad en ámbitos más amplios

En torno al 20% de los trabajadores vascos rigen sus condiciones laborales por convenios de ámbito nacional, ya sean sectoriales o de empresa. Estos pactos se caracterizan, en general, por subidas salariales más ajustadas que las de los suscritos en Euskadi -aunque las generalizadas cláusulas de revisión reducen al final las diferencias que se aprecian en el momento de la firma- y recortes de jornada menos importantes, cuando los hay. Pero su actualización avanza a un mayor ritmo y abordan el desarrollo de cuestiones laborales que, por proceder del diálogo social o de iniciativas legislativas del Gobierno central, son tabú para algunas centrales vascas.

Una de las consecuencias de esta 'normalidad' es que los incrementos salariales afectan a la gran masa de trabajadores y, a la postre, contribuyen a que las subidas reales -no sólo las pactadas en convenio- cobren ventaja allí donde llega. Así, el País Vasco, es una de las dos comunidades con incrementos menores desde el año 2000, según el Instituto Nacional de Estadística. En concreto, en siete años la subida total ha sido del 26,08% frente al 27,86% de España.

Si embargo, las alzas acumuladas en los convenios alcanzan para el mismo período el 33,1% en la comunidad autónoma. Parte de esa diferencia se debe, sin duda, al retraso en la firma de los convenios.
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