
La nueva normativa, sin embargo, también prohíbe la aplicación de descuentos, de manera que las grandes cadenas e hipermercados «ya no podrán anunciar las rebajas a bombo y platillo» y será el propio cliente el que tenga que sondear los comercios para ver dónde se vende el libro más barato. «En realidad, lo más sensato y lo más beneficioso para todos -editores, libreros y clientes- sería establecer un precio fijo y punto, porque al final los padres van a gastar más dinero llamando a las tiendas para comparar precios, que comprando donde siempre», reflexiona Fernández.
Pese a la sensación generalizada de que las grandes superficies están comiendo terreno a los comercios tradicionales, un estudio realizado en 2005 por el Gremio de Editores del País Vasco sobre los canales de comercialización de los libros de texto no universitarios desmonta la teoría. El documento revela que seis de cada diez manuales se venden en «librerías o cadenas de librerías», mientras que la cuota de mercado de los hipermercados se reduce el 10%. Si bien es cierto que la «intuición» les hace pensar que las grandes superficies irán abriéndose camino poco a poco en detrimento de los «comercios de siempre». «Las que peor lo van a tener para adaptarse a las nuevas reglas de mercado son las librerías de los barrios y los pueblos, porque la venta de libros de texto representa el 30 ó 40% de su facturación anual», insiste Andrés Fernández.
No obstante, y pese a la polémica desatada por la liberalización del precio de los libros de texto, los editores creen que el «mayor enemigo» del sector será la política de préstamo de libros que pondrá en marcha el Gobierno vasco en septiembre. «No nos engañemos. Los padres van a pagar por alquilar un libro que su hijo no va a poder tocar porque no es suyo. Sería más razonable e incluso más progresista el sistema de cheque-libro que ya se aplica en comunidades como Madrid, Asturias o Cantabria», advierte el secretario de la agrupación de editores. «Es tan fácil como que las instituciones subvencionen la compra del material», concluyó el presidente de los libreros de Vizcaya, Kepa Torrealday.








