
REACCIONES
LA SEGUNDA CRISIS
El titular de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, será sustituido por la ministra de Sanidad, Elena Salgado; la vicepresidenta del Congreso, Carme Chacón, ocupará el puesto de María Antonia Trujillo al frente de Vivienda; el cargo de Carmen Calvo en el Ministerio de Cultura pasará a manos del hasta ahora director del Instituto Cervantes, César Antonio Molina; y otro independiente, el director del Centro Andaluz de Medicina Biomolecular, Bernat Soria, se hará cargo de la cartera que abandona Salgado.
Además de impulso político, Zapatero intenta dotar de prestigio a un Gobierno que ha sido objeto de críticas a lo largo de estos tres años por su escasa personalidad.
La decisión se ha mantenido durante estos días en el más absoluto secreto. En el entorno más próximo del presidente se decía desde hace días que vendría bien una crisis de Gobierno para hacer frente a la sensación de legislatura agotada, al desgaste causado por el fracaso del proceso de paz y a los resultados electorales del 27-M, los primeros en muchos años que permitieron a Mariano Rajoy creer en su próximo triunfo. Sin embargo, nadie se atrevía a darla por segura. «Es difícil saber lo que pasa por la mente del presidente», justificaban sus asesores.
Proyectos futuros
Zapatero explicó que su objetivo no se limita a llenar de contenido el último año de su mandato. También quiere preparar los «cambios y proyectos» para la próxima legislatura. El jefe del Ejecutivo tiene muy interiorizado que para ganar unas elecciones hay que ser capaz de generar expectativas. La vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, apuntaló esta idea al subrayar en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros que, con la remodelación, «no sólo se reafirma la idea de que la legislatura no está agotada, sino que se prueba que tiene mucho recorrido por delante».
La misión de los nuevos fichajes es, según dijo, realzar el carácter científico e innovador de la Sanidad española, ensalzar la presencia de «nuestra lengua y nuestra cultura» en el mundo, reforzar el derecho a una vivienda digna y situar a las administraciones públicas del país entre las más avanzadas de Europa.
La primera mención de Zapatero en su comparecencia matinal fue para quien será nuevo ministro de Cultura, César Antonio Molina. «Un magnífico director -aseveró- de la principal empresa con la que cuenta España para extender su patrimonio». Pero su fichaje estrella es Bernat Soria. El científico valenciano, primer presidente de la red europea de investiga- dores con células madre, también fue rondado en su día por el PP, pero siempre tuvo una relación complicada con este partido, que desde La Moncloa se negó a patrocinar sus iniciativas. El presidente del Gobierno calificó de «privilegio» su presencia en el Ejecutivo. Y subrayó que se trata de un hombre de gran prestigio en un campo, el de la biomedicina, que puede dar muchas «esperanzas de futuro a los seres humanos».
Los otros cambios en el gabinete gubernamental tienen un sentido más político. Elena Salgado ha sido estos años, según Zapatero, «una de las mejores gestoras públicas», pero su labor al frente del Ministerio de Sanidad no ha estado exenta de polémicas; la más reciente, en torno a la aparcada 'ley del vino', puso en pie de guerra a las comunidades vitivinícolas. Ahora pondrá su carácter férreo y su voluntad inamovible al servicio del desarrollo de los estatutos de autonomía. Especialmente, del de Cataluña. Su primer cometido de envergadura tendrá lugar en la comisión bilateral Estado-Generalitat, el próximo 17. El Gobierno catalán ya admite en privado que teme su dureza.
Guiño a Cataluña
Cataluña es, justamente, una pieza fundamental para el hipotético triunfo electoral del PSOE en 2008. Como Andalucía, tuvo mucho que ver en la victoria de 2004, pero los socialistas detectaron una preocupante apatía en sus electores durante los pasados comicios municipales. El fichaje de Carme Chacón, que será cabeza de lista por Barcelona y es para Rodríguez Zapatero «uno de los principales valores del PSOE», permite al presidente lanzar un doble guiño. De un lado, alimenta el granero catalán y, de otro, rejuvenece el Ejecutivo y refleja su interés por un problema, el de la vivienda, que afecta fundamentalmente a los jóvenes del «No nos falles».
La salida del ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, también puede reforzar al partido. Por más que él se resista -como ocurrió con el anterior titular de Justicia, el canario Juan Fernando López Aguilar-, Zapatero cree que podría hacer un excelente papel como sustituto de Joan Ignasi Plà en la Comunidad Valenciana. «Me parece una buenísima idea», dijo ayer mismo con sorna el presidente. Su perfil político se ha visto eclipsado en una legislatura muy importante para su ministerio, por falta de sintonía con el proyecto autonómico del propio jefe del Ejecutivo.
Fernández de la Vega aseguró, en cualquier caso, que tanto Sevilla como Carmen Calvo y María Antonia Trujillo «seguirán sirviendo al Estado en sus nuevas responsabilidades», pero rehusó explicar cuál será su labor. La vicepresidenta también se refirió a la ruptura por primera vez en este Gobierno de la paridad pura y dura, aunque le quitó toda importancia. Aseguró que del mismo modo que ahora hay un hombre más, más adelante podrá ser a la inversa y reiteró su compromiso con la igualdad.






