
Vecinos de Rawalpindi, ciudad que alberga el cuartel general del Ejército de Pakistán, dijeron a varios canales privados de televisión haber visto el lanzamiento de cohetes antiaéreos desde el tejado de una casa del barrio de Asghar Mall. El portavoz del Ejército, el general Arshad Waheed, mantuvo que la información ofrecida por los canales es «inventada y sin fundamento» y les recordó su deber de responsabilidad cuando tratan asuntos «sensibles».
Waheed admitió, sin embargo, que se ha registrado en Rawalpindi un disparo de misiles, pero descartó que fueran dirigidos contra el presidente. El portavoz añadió que Musharraf aterrizó sin contratiempos en la ciudad sudoccidental de Turbat, en la provincia de Baluchistán, a la que acudió para inspeccionar las operaciones de ayuda en zonas afectadas por las recientes inundaciones.
De acuerdo con los testimonios recogidos por los canales privados Geo TV, Dawn y ARY, los habitantes de Rawalpindi vieron dos armas antiaéreas montadas en el techo de una vivienda de dos plantas, que fue acordonada después por las fuerzas de seguridad. Según esta versión, la casa desde la que se lanzaron los proyectiles contra el avión de Musharraf había sido alquilada hace unos días por una pareja, que presumiblemente ha escapado del lugar.
Los efectivos desplegados en la zona ordenaron a todas las tiendas de las proximidades que cerraran sus puertas y hallaron en el tejado de la vivienda dos armas antiaéreas y cartuchos similares a los que emplea el Ejército de Pakistán, de acuerdo con la información de los canales televisivos.
El secretario de Interior, Kamal Shah, dijo a la prensa en Islamabad que la Policía está recogiendo huellas dactilares y otras pruebas en la vivienda. Una fuente diplomática explicó que no está claro si han sido cohetes o fuego de ametralladora antiaérea los empleados contra Musharraf y recordó que en ocasiones anteriores el presidente ha sido objeto de atentados fallidos, presuntamente por parte de radicales talibanes o de Al-Qaida.
El supuesto ataque de ayer coincide con una grave crisis en Islamabad, donde unos cientos de radicales islámicos permanecen atrincherados desde hace días en el recinto que alberga la Mezquita Roja, ubicada en un céntrico barrio comercial próximo a la zona de embajadas y sedes gubernamentales.
Desde hace cuatro días, los integristas están amenazados de asalto por las fuerzas que rodean el templo, del que han salido voluntariamente al menos 1.100 estudiantes de las madrasas que forman parte del complejo, según el ministro del Interior, Aftab Sherpao. Sin embargo, en el interior permanecen, junto a los radicales armados, unas 400 alumnos, muchos de ellos niñas de la madrasa femenina cuyos padres consiguieron que Musharraf diera anteanoche orden de «retraso temporal» al asalto del recinto.
Según la agencia estatal APP, Musharraf pidió a las fuerzas encargadas de la operación que tengan «paciencia» y den tiempo para que las niñas abandonen el recinto, aunque parece claro que los acorralados radicales se lo están impidiendo y las están utilizando como escudos humanos.
El ministro de Asuntos Religiosos, Ejaz-ul Haq, mantuvo que el núcleo duro de los integristas, formado por una veintena de radicales armados, también están bloqueando la salida del 'número dos' de la mezquita, el clérigo Abdul Rasheed Ghazi.
Ghazi ha exigido como condición para rendirse que las autoridades dejen escapar a todos los atrincherados en la mezquita, cuyo máximo líder, el 'maulana' Abdul Aziz, fue detenido el miércoles cuando salía de ella camuflado bajo un 'burka'.
La crisis
La crisis en torno a la mezquita, en la que ayer se registraron nuevos tiroteos esporádicos, se ha cobrado la vida de 22 personas, según la cifra oficial, que los medios paquistaníes elevan a 31.
Los observadores señalan que nada de lo que sucede en Pakistán es producto del azar. Y que la resistencia radical de la Mezquita Roja no es casual que coincida con el fallido atentado contra el presidente Musharraf. El pulso de Al-Qaida con el aliado de Occidente se ha revelado como prioritario y tiene su expresión más virulenta en las calles, tomadas cada día por multitudes de islamistas airados que claman por la ruptura del Gobierno con Estados Unidos.






