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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

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El largo brazo de Al-Qaida
Los últimos atentados fallidos en Reino Unido sugieren, en el segundo aniversario del 7-J, una reconstitución del núcleo central de la red terrorista
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La capital británica no logra quitarse de encima la amenaza terrorista. Ramos de flores recordarán hoy en varios puntos de Londres las 52 vidas que se cobraron los cuatro kamikazes de los ataques del 7 de julio de 2005. El aniversario tendrá un bajo perfil oficial, por deseo expreso de las familias y de los centenares de personas que resultaron heridas, y aún habría pasado más desapercibido de no ser por los atentados frustrados de la pasada semana.

El duelo se habría multiplicado enormemente hoy si los dos coches bomba dejados en Londres y el todoterreno del aeropuerto de Glasgow hubieran provocado las matanzas que pretendían. En cualquier caso, el nuevo ataque, que ha llevado incluso a pensar en mantener a la familia real segura dentro de palacio, ha reavivado las terribles escenas del 7-J

Hace dos años, cuatro bombas explotaron a primeras horas de la mañana en la red del transporte urbano de la ciudad. De madrugada, un coche había salido del área de Leeds, en el norte de Inglaterra. En él iban Mohamed Sidique Khan, Shehza Tanweer y Hasib Hussain. En la estación de Luton, a menos de una hora de la capital británica, se les juntó Germaine Lindsay. Con sus respectivas mochilas bomba y entre bromas -así les captaron las cámaras de seguridad- tomaron el tren y llegaron a King's Cross, por donde pasan varias líneas del metro londinense.

Allí se separaron para tomar convoyes en distintas direcciones, en un momento de máximo trasiego de pasajeros. Tres bombas estallaron con pocos minutos de diferencia. Un cuarto terrorista que debía dirigirse hacia el norte, completando así una cruz de muerte sobre los cuatro puntos cardinales del mapa de la ciudad, se encontró con que la asignada línea de metro no funcionaba y finalmente hizo explotar su bomba en un autobús.

Dos años después, el monumento a las víctimas aún no se ha construido, unos 120 afectados todavía no han recibido las ayudas económicas prometidas y sólo tres personas han sido detenidas en conexión con los atentados.

Reino Unido despertaba con el 7-J a la nueva era del terrorismo islamista inaugurada en 2001 con el 11-S. En 2004, el 11-M madrileño significó la llegada de esa amenaza a Europa occidental, y el 7-J aportó los primeros terroristas suicidas europeos. Esto último fue uno de los aspectos que más alarmaron a los británicos. Tres de los jóvenes inmolados habían nacido en Reino Unido, en familias de origen paquistaní; un cuarto había inmigrado de pequeño desde Jamaica. La radicalización había penetrado profundamente entre la comunidad musulmana británica.

Si el 7-J se produjo en un momento de debilidad operativa del núcleo central de Al-Qaida, debido a la invasión de Afganistán, la persecución de la organización en otros lugares donde había actuado abiertamente y la huida de Osama bin Laden a un escondrijo de difícil comunicación, las acciones en Reino Unido de la última semana marcan un retorno del poder de la dirección de la red terrorista. Así lo creen los servicios secretos occidentales.

Asesoramiento

Además de actuaciones autónomas de grupos que actúan a modo de franquicia de Al-Qaida, con algún tipo de asesoramiento sobre métodos terroristas y la posibilidad de alguna 'larga mano' que se encarga de alguna coordinación, ahora se considera que Al- Qaida está en condiciones de llevar a cabo ataques más directos.

Sería en parte el caso de los últimas acciones en Londres y Glasgow, con una conexión cada vez más clara con Irak, de donde procedía uno de los detenidos. «Al-Qaida en Irak está probablemente detrás», han advertido fuentes del MI5 y del MI6 británicos. Ayer se supo que uno de los dos médicos detenidos tras lanzar el sábado pasado el vehículo lleno de material incendiario contra el aeropuerto escocés ha sido acusado en relación con ese incidente y con los atentados fallidos de la capital británica.

El iraquí Bilal Abdula, que se graduó como médico en Bagdad y llegó a Reino Unido en 2004, fue acusado de conspiración para causar explosiones y está previsto que comparezca hoy ante el tribunal de Westminster. Además, el FBI confirmó ayer que otros dos de los doctores implicados en la trama exploraron la posibilidad de ir a trabajar a EE UU.
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