
La debacle bursátil de esta firma, cuyas acciones comenzaron en abril una caída en picado tras haberse revalorizado más de un 1000% en nueve meses, disparó las alarmas ante el temor a un efecto contagio. La compañía valenciana, que llegó a cotizar a más de 72 euros, cerró ayer a 9,43%, tras haber caído un 3%. Buena parte de ese descenso se produjo tras las manifestaciones de Segura. En lo que va de año sus títulos se han depreciado un 76,29%. Esos bruscos movimientos han desencadenado «una supervisión más fuerte de lo habitual» por parte de la CNMV, según anunció el vicepresidente de esa entidad, Carlos Arenillas, el pasado día 22, quien llegó a insinuar la apertura de una investigación a ese grupo.
Con criterios reconocidos
La CNMV prestará «especial atención» a las valoraciones de las inmobiliarias que, en ocasiones, «han cambiado el signo de los resultados consolidados» de algunas empresas cotizadas, señaló el máximo responsable del regulador, quien participó en Sitges en el Fórum del Auditor Profesional. Ese organismo ha estrechado su labor de control con el objetivo de comprobar que esas capitalizaciones «se generan con procedimientos, hipótesis y criterios reconocidos», añadió. La Comisión Nacional del Mercado de Valores se plantea incluso «la conveniencia de pedir valoraciones o tasaciones complementarias a sociedades de reconocida solvencia sometidas a algún tipo de supervisión», explicó su presidente.
Las voces de alarma lanzadas en los últimos tiempos advertían de que algunas empresas se apuntaban no el valor real de sus activos inmobiliarios, sino, en cierto modo, una cifra más cercana a la que esperaban lograr con la comercialización de los mismos. Soportes que en realidad eran meros apuntes contables que no generaban ningún flujo de caja y que quedaban al albur de que los planes de la compañía salieran como estaba previsto. Así, algunas firmas terminaron valiendo en Bolsa muchísimo más que sus activos. El ejemplo más claro fue Astroc, cuya capitalización es ahora ocho veces inferior a la de su momento cumbre.
Segura sostuvo que el mejor valor razonable «se obtiene de los precios actuales en un mercado activo para las propiedades similares en una misma localidad y condiciones». Además, pidió que las inmobiliarias expliquen a los accionistas y los inversores «de una forma más clara y didáctica» los posibles riesgos a los que se enfrenta cada compañía.






