
Adam Sandler, con un peinado cruce entre Bob Dylan y Tim Burton, farfulla sus diálogos en un drama con factura de telefilme. La gracia reside en que el personaje de Don Cheadle, odontólogo de éxito con familia modelo, se siente tan perdido como su autista amigo. Moraleja: ayudar a los demás te ayuda a ti mismo. El 11-S sólo sirve sobre el papel como detonante del ensimismamiento de Sandler, que lo mismo podría haber perdido a su familia en un accidente de tráfico.
Sólo en una escena se atreve el director a sugerir la paranoia y el miedo que atenaza a la sociedad americana. Los noticiarios emiten imágenes de la 'guerra contra el terror' islámico, y el protagonista busca su arma para pegarse un tiro. 'En algún lugar de la memoria' resulta blanda, mojigata, discursiva y extenuante. Sandler adopta tics del Dustin Hoffman de 'Rain Man'. Al menos, tiene buen gusto musical, y Springsteen, Seger y los Pretenders suenan en un retrato de la soledad urbana sobre gente que dejó de vivir en los 80.
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