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Adiós a las trincheras
El soterramiento de las líneas de Feve y Renfe que atravesaban a cielo abierto barrios de Bilbao densamente poblados permitirá cerrar más de cinco kilómetros de barreras ferroviarias
06.07.07 -
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EL TAJO. Una unidad de Feve pasa ayer bajo Sabino Arana, mientras las máquinas trabajan en el soterramiento. / FOTOGRAFÍAS: MAITE BARTOLOMÉ
La eliminación de las vaguadas ferroviarias es una de las operaciones urbanísticas más agradecidas en una ciudad. Bilbao lo sabe bien. Con el impulso de Ría 2000, las líneas de Feve y Renfe que atravesaban a cielo abierto los barrios serán cosa del pasado. Y aviso a los viajeros. De ningún modo esto supone que desaparezca el servicio porque el tren seguirá circulando, pero bajo tierra. Mejor para todos. Adiós a las trincheras, a las barreras y a los pasos a nivel.

La supresión de estos obstáculos no es tan fácil como parece. Se trata de reconvertir la endiablada herencia que dejó en la ciudad el desarrollismo más salvaje. En los años sesenta se veía con buenos ojos que las carreteras y las líneas del ferrocarril entraran hasta la cocina. Luego la ciudad creció y se vio obligada a mantener durante años una incómoda convivencia que, para muchos vecinos, ya dura demasiado.

El cierre de las trincheras se escribe con grandes números. Bilbao Ría 2000, donde participan los gobiernos central y vasco, la Diputación y el Ayuntamiento bilbaíno, enterrará más de cinco kilómetros de línea de tren, entre los tramos ya hechos y los que están en marcha y proyectados. Estas obras, que cuestan alrededor de 150 millones de euros en su conjunto, son las siguientes.

AVENIDA DEL FERROCARRIL

Fue la primera operación de este estilo y la que desató el gran cambio que experimenta la trastienda de Bilbao. Consistió en cerrar la trinchera ferroviaria entre San Mamés y Amezola, unos 800 metros de herida que afectaba a los populosos barrios de Basurto y Rekalde. Bajo una aparente sencillez se escondía una obra con repercusiones en media ciudad.

Cubierto el foso, el tren comenzó en marzo de 1999 a circular por la llamada Línea Sur, que captó el tráfico que antes bordeaba la ría en dirección a la margen izquierda. Es decir, gracias a ella se pudo eliminar el trazado de Renfe que pasaba por Uribitarte, hoy convertido en un paseo a la vera del Guggenheim. Dos años después, la cubierta fue urbanizada, dando lugar a la avenida del Ferrocarril, un bulevar de una anchura similar a la Gran Vía: 50 metros. Hay además tres nuevas estaciones: San Mamés, Autonomía y Amezola.

AMEZOLA

La avenida del Ferrocarril acaba de prolongarse hasta Amezola, la antigua playa de vías usada por Renfe y Feve como terminal de carga. El coste de todas esta operación de soterramiento asciende a 80 millones, 20 de ellos para el foso de Amezola, de 30.000 metros cuadrados. Por debajo se mantiene el tráfico de mercancías y pasajeros. Por arriba ha crecido la ciudad.

BASURTO

Amezola es el punto de partida para completar el reto. Desde aquí parten dos ramales ferroviarios condenados a desaparecer a los ojos de los vecinos. Bilbao Ría 2000 trabaja en la actualidad en el tramo que va de Gordoniz a la gasolinera de Basurto, 2.765 kilómetros de línea a cielo abierto. De ellos, 722 metros pasarán por un túnel y el resto, soterrados. Se trata de la operación de cirugía urbana más compleja jamás hecha en Bilbao. Por un lado, porque los habitantes tendrán que soportar el paso de trenes delante de sus portales. Si todo va bien, el esfuerzo habrá merecido la pena. Adiós a la trinchera. Por otra parte, la obra exigió equilibrios financieros. Su coste, superior a los 40 millones, será financiado gracias a una promoción inmobiliaria en terrenos municipales de Garellano, donde se construirán 1.150 pisos.

IRALA

Es la próxima operación. Todo un proyecto definido sobre el plano y con financiación garantizada, pues acaba de ser refrendado por Ría 2000 en su consejo de marzo. Hace unos meses parecía imposible que se llegara a un acuerdo, ya que este soterramiento constituye otro 'obrón' que ha exigido a los socios rascarse el bolsillo para sufragarlo. Con un presupuesto de 24 millones, el desafío consiste en cubrir una línea de 700 metros a cielo abierto y construir un túnel de un kilómetro hasta La Peña. Comenzará a medida que acabe el tajo 'hermano' de Basurto.
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