
La nueva Ley de la Lectura, el Libro y las Bibliotecas, aprobada a finales de junio, está en el arranque de los cambios que registra el mercado. Hasta ahora la normativa establecía que todos los libros tenían un precio fijo y, a partir de ahí, se permitía a los comercios ofrecer los descuentos que quisieran hasta un máximo del 25%. Con esa fórmula, las grandes superficies aplicaban a los manuales escolares esa rebaja máxima, mientras que las pequeñas librerías se tenían que conformar con descuentos cercanos al 12% o con enganchar al cliente con otro tipo de ventajas -dar un servicio más profesional-.
Los libreros se quejan desde hace años de que esta normativa ha provocado «la quiebra de muchos negocios», recuerdan los portavoces de la asociación vizcaína. Pedían al Gobierno que mantuviera los precios fijos del libro, sin esa posibilidad de aplicar rebajas de hasta un 25%. Cada librería podría ofrecer otro tipo de ventajas al cliente para atraer compradores.
Los editores fijan precios
Esa demanda no cuajó. El Gobierno del PSOE ha tirado por la calle de en medio. Ha incluido en la ley la liberalización de los precios de los libros de texto y, a la vez, la prohibición de aplicar descuentos - las agrupaciones de libreros vascas ya han denunciado a algunos negocios que anunciaban rebajas, por ser ilegales-. Ahora, el editor establece un precio para los minoristas y, posteriormente, las librerías y grandes superficies deciden el margen de ganancia que aplican al texto y marcan la tarifa final.
Las consecuencias de esa transformación del mercado las viven estos días las familias vascas que hacen ya sus reservas para el próximo curso, y los libreros que esperaban a aclarar los términos de la ley para sacar a la venta los textos. El comprador tiene más dificultades para saber en qué tiendas están más baratos. «Antes el precio del texto era el mismo en todas partes y el comprador sólo tenía que ver el descuento que se aplicaba, el 10%, el 20%... Ahora habría que comparar precios del mismo texto en diferentes tiendas», explican desde una librería bilbaína. Algunas tiendas han anunciado que colocarán las tarifas en sus web para que el cliente las consulte.
Las grandes superficies no han podido realizar este año campañas publicitarias con las que anunciaban sus descuentos en textos escolares, aunque han encontrado nuevos sistemas para enganchar al cliente. «Nosotros ofrecemos vender el libro de texto al precio de coste. Si el comprador lo encuentra más barato le pagamos diez veces la diferencia», explican portavoces de Carrefour.
En la sección de material escolar de Eroski se garantiza al cliente que se ahorrará el mismo 25% de la pasada temporada en la compra de libros. Además, regalan un diccionario escolar por pedido. Los grandes almacenes, como El Corte Inglés, también han reemplazado los descuentos por otras fórmulas: «Nosotros garantizamos al cliente el precio más bajo que nos permita el mercado», detallan desde su departamento de ventas.
Los grandes comercios disfrutan de mayor margen de maniobra para afrontar la nueva situación, pero las librerías se verán obligadas a hacer filigranas para mantener su cuota de mercado. «Hay nervios, retrasos en las ventas y mucha confusión en este momento entre los libreros. Puede haber diferencias entre las tarifas de unos y otros, pero la mayoría mantendrá los márgenes del pasado año», dicen desde la agrupación.
Gratuidad de libros
Lo que tienen claro los libreros es que el cliente se va a encontrar esta temporada con manuales más caros y no por su culpa, aclaran. Explican que los editores han aplicado este año una subida más fuerte, ante el negro futuro que les aguarda con la puesta en marcha del programa de gratuidad de libros del Gobierno vasco a partir del próximo curso, en primero y segundo de Primaria -6 y 7 años-.
El Departamento de Educación adquirirá los libros para cuatro años y los manuales irán pasando de unos alumnos a otros durante ese plazo de tiempo. Los padres deberán pagar un 25% de su coste. «De esa forma, vamos a vender textos escolares una vez cada cuatro años. Por ese motivo, los editores aplican subidas más fuertes», añaden desde la asociación de libreros, que apostaba por un sistema en el que el Gobierno vasco entregara a los padres ayudas económicas para comprar el material, como hace la Diputación alavesa.








