Viene esto a cuento de que, recién aprobada la Ley del Libro, ya se han planteado los primeros efectos para el próximo curso: quedarán prohibidos los descuentos en los libros de texto y se liberalizará el mercado. ¿Cómo puede ser eso posible? Muy sencillo. Si es usted uno de los libreros que se quejaba de que los descuentos de las grandes superficies amenazaban su negocio, puede respirar con su prohibición. Eso sí, respire poco, porque gracias a la liberalización, el editor pone el precio que quiere a un libro y el vendedor también, aunque nunca por debajo de su coste.
Las grandes superficies anunciarán: unas, que venden al precio de coste; otras, que no hacen descuentos, pero que su precio final es equivalente al que se habría producido con el antiguo sistema al aplicar un, pongamos, 25% de descuento.
El remedio será peor que la enfermedad para las pequeñas librerías y también para las familias. Si a la nueva Ley se le une la normativa de préstamos del Gobierno vasco, los libros se encarecerán, ya que cada libro vendido para un colegio público tendrá una vida activa de cuatro cursos, no de uno. Si se van a vender menos y podemos fijar libremente los precios, subámoslos, será el grito de guerra en el sector.
El mercado funcionará tanto mejor cuanto menores sean los costes de información. El sistema que se implanta a partir de este curso, va a obligar a las economías familiares a peregrinar por grandes superficies para ver en qué sitio saca más baratos los libros de los niños. Esto es lo que se llama en términos económicos aumentar los costes de la información, expresión redundante en este caso: los libros nos van a salir más caros, ya verán.








