
El dato de la presencia de despertadores en la furgoneta confiscada al presunto comando de operaciones especiales de ETA resulta relevante para determinar las verdaderas intenciones de los detenidos. Con la premisa de la aparente ausencia de telemandos o temporizadores, el ministro del Interior español sostiene que se iba a activar la carga de 140 kilos de cloratita «manualmente y no electrónicamente para evitar inhibidores». «Al hacerlo con cordón detonante es bastante evidente que pretendían víctimas mortales», afirmó el miércoles Alfredo Pérez Rubalcaba.
El empleo de un cable o de un mando a distancia obliga a quedarse en las cercanías del artefacto y ese riesgo sólo tiene sentido si hay que esperar a que pase cerca un objetivo personal para activar la bomba en el instante preciso en que el blanco está al alcance. El recurso a un temporizador, como fue el caso del atentado de Barajas, impide esa precisión letal y permite a los activistas estar a salvo cuando se produce la deflagración e incluso avisar con antelación del momento programado.
La furgoneta, una Citroen Berlingo, había sido robada el miércoles de la semana pasada en el departamento de Vienne, con capital en Potiers (centro-oeste de Francia). En el interior también había 16 kilos de azufre y 9 de pentrita así como un rollo de cordón detonante, dos detonadores y tres pistolas Smith&Wesson. La pentrita y el cordón detonante se suelen emplear como reforzadores de explosivos artesanos del tipo del amonal o la cloratita.
La entrega del vehículo se produjo a media tarde del lunes cerca del cámping de La Madeleine, en los alrededores de la localidad pirenaica de Saint Jean Le Vieux, en una cita de la que habían tenido conocimiento los servicios de información de la Guardia Civil. El diario 'Sud Ouest' publicó ayer que varios agentes españoles habían acampado allí, «con tienda y material adaptado, unas horas antes del momento fatídico».
Los tres detenidos en la operación -Joseba Antton Aranibar, Ekaitz Agirre y Aingeru Cardaño- fueron trasladados a primera hora de la mañana hasta París desde el aeropuerto de Biarritz en un bimotor de la Seguridad Civil. Han pasado la noche en las nuevas dependencias que los servicios antiterroristas galos acaban de estrenar en el municipio de Levallois-Perret, limítrofe con la capital francesa.
Con nombre falso
En estos locales también permanecen a disposición policial los dos detenidos cinco horas después en Saint Thibault des Vignes, a una veintena de kilómetros al este de París, en plena mudanza. Sólo ha sido identificado Iker Beristain, «importante miembro del aparato logístico» según Madrid, mientras que su cómplice, cuyas huellas no aparecen en los archivos españoles, va a ser presentado en los juzgados antiterroristas con el nombre falso que ha facilitado: Emilio García Fernández, nacido en Barakaldo en 1983.
Fuentes de la investigación desmintieron que en la furgoneta Peugeot Partner, en la que viajaban armados con una pistola, hubiera placas del departamento alsaciano en el que fue asaltado un almacén de artículos de montaña. La policía continúa la búsqueda del piso franco al que se dirigían con enseres y objetos domésticos.






