
La votación de las resoluciones del debate sobre el Estado de la Nación en su capítulo antiterrorista reeditó la imagen más repetida de la legislatura: la soledad del PP. Los populares desoyeron las peticiones para que retiraran su demanda y cosecharon una contundente derrota. La resolución del grupo opositor consideraba una «paradoja» que la Cámara mantuviese abierto el paraguas legal en el que se cobijó Zapatero para buscar el final dialogado de la violencia. El texto sostenía que esa disposición «no se puede mantener ni un día más» porque es un «humillante despropósito» que siga en vigor «una oferta de diálogo» con unos terroristas dispuestos a matar cuando puedan.
El rechazo fue además doble, porque el PP pretendía que se instase al Gobierno a hacer públicas «las actas de las reuniones» con ETA. Una idea con la que Mariano Rajoy machacó a Zapatero en el primer día del debate sin conseguir que atendiera sus reclamaciones. Tampoco en este apartado el PP logró el respaldo de grupo alguno.
El portavoz popular en el Congreso, Eduardo Zaplana, argumentó que la revocación de la autorización para el diálogo es imprescindible, pues «nunca ha habido una oportunidad para la paz». Mantener esa resolución en pie, agregó, es «dejar la puerta abierta a que puedan continuar esas negociaciones». Zaplana también defendió la conveniencia de conocer las actas porque el Gobierno «ha perdido su credibilidad».
«Insólito»
Fuera del hemiciclo y en su somero balance del debate de tres días, Rodríguez Zapatero pidió al PP que sea responsable y serio frente a la amenaza de ETA. Dejó entrever que el duro ataque de Rajoy a la política antiterrorista del Gobierno dinamitó el moderado apoyo comprometido por el presiente del PP en La Moncloa hace apenas un mes. El jefe del Ejecutivo dijo no entender las razones de un comportamiento que tachó de «insólito» e impropio de un líder democrático.
El presidente del Gobierno salió satisfecho, pese a todo, por el resultado del debate, aun reconociendo los puntos negros. Su deseo era escenificar la unidad de todos los partidos en el pleno más importante de la legislatura, después del fracaso del proceso de paz. Y el PP lo hizo inviable. Pero los socialistas creen que será el líder de la oposición quien pague por la fractura. «Los españoles han escuchado lo que han escuchado; después de la amenaza planteada por ETA yo sólo puedo decir tres palabras: unidad, unidad, unidad», resumió Zapatero.
En realidad, la actitud de Rajoy no cogió por sorpresa al Ejecutivo, que en los días previos al debate ya mostró su temor a un discurso duro centrado en el terrorismo. «En cuarenta años de lucha contra el terrorismo nunca había ocurrido que un líder político basara su oposición en este tema, y espero que no vuelva a pasar jamás», subrayó Zapatero. Asimismo, insistió en que acabar con ETA no puede considerarse nunca como el proyecto de un Gobierno, sino de la democracia. «Por eso -dijo- todos los Gobiernos han trabajado en la misma dirección y todos los partidos los han apoyado».
Las críticas de Zapatero fueron precedidas de las formuladas por los representantes del PSOE, CiU, PNV, IU y Eusko Alkartasuna en el pleno, donde reprocharon al PP que con sus propuestas haya trasladado al Congreso «la división» de las fuerzas democráticas contra ETA. El socialista Julio Villarrubia acusó a Rajoy de haberse convertido «en el altavoz» de los terroristas, mientras que el portavoz de IU-Iniciativa per Catalunya, Joan Herrera, retiró su propuesta de resolución para fraguar un nuevo pacto contra el terrorismo y por la paz porque no había logrado «sumar» el apoyo de los demás grupos.






