-¿Qué ocurrió?
-Tuve una bronca.
-¿Cómo fue?
-Un día de juerga, con un chaval que conocía de vista. Nos calentamos los dos y salió perdiendo él. Luego me denunció.
-¿Cuál fue la reacción de tus padres?
-La normal, se enfadaron. Pero luego me trataban de tranquilizar. Yo estaba muy alterado, todo el día pensando y pensando, agobiado, porque nunca había pasado por nada de esto: la Policía, el juicio... Lo mismo pasó con mis amigos. Primero me decían que la había cagado bien, pero luego, al verme tan nervioso, todos me animaban.
-¿Ya ha pasado todo?
-No. He cumplido con la condena penal, las horas de prestación en beneficio de la comunidad, pero aún está pendiente el juicio civil. Me piden más de 7.000 euros de indemnización.
-¿Qué tal con los perros?
-Bien. Prefiero estar cuidando animales que personas. Los perros me gustan. Hombre, cuando hay que limpiar te jode, pero por lo demás uno está tranquilo, bien.
-¿Cómo es eso de preferir animales que personas?
-Lo digo porque no me hubiese gustado que me mandasen a un asilo o a algún sitio así. Estar con gente me da más vergüenza, no sabría qué decir.
-¿Elegiste tú venir a la perrera?
-No, me mandaron aquí porque me venía mejor. Yo trabajo de electricista durante la semana y para hacer las horas durante el fin de semana, ocho cada día, era aquí donde mejor les venía.
-La prestación en beneficio de la comunidad, ¿qué es? ¿un trabajo, un castigo, un modo de rehabilitación?
-Un castigo. Pero sí es cierto que te sirve para pensar porque, después de todos estos fines de semana trabajando, a uno ya no se le pasa por la cabeza hacer nada parecido.








