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LA AMENAZA DE LA CEPA H5N1
Aún así, las espadas se mantienen en alto. Los análisis se han intensificado, ya que las instituciones no descartan que en los próximos meses «suframos un nuevo caso». El temor, sin embargo, no es tanto tener otro positivo como que la enfermedad llegue hasta una explotación avícola. De producirse, los animales caerían fulminados en cuestión de horas. «El objetivo es estar preparados y ahora lo estamos mucho más que hace un año, porque sabemos a lo que nos enfrentamos», subraya Carlos Escribano, director general de Ganadería del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. El trabajo no ha cesado. Para muestra, los más de 78.000 análisis realizados el pasado ejercicio y las 5.200 aves domésticas y silvestres examinadas en Algete durante el primer trimestre del año.
Mientras tanto, ajenos a toda esta vorágine, los habitantes de los pueblos que salpican el entorno de Salburua aseguran no tener el mínimo temor a un nuevo repunte de la enfermedad. Muestran sus gallinas sin reparos, recordando cómo hace ahora un año técnicos y veterinarios de la Diputación y el Gobierno vasco acudieron a sus casas para pedirles que extremaran la precaución evitando, por ejemplo, que sacaran las aves al patio. Quien más quien menos, todos tienen una docena de gallinas para consumo propio. Eso sí, encerradas en jaulas interiores, algo que minimiza el riesgo de una infección.
«VENDRÁN OTRAS ALARMAS»
En Ilarraza, a escasos cuatro kilómetros de Salburua, residen Francisco y Asunción. Tienen gallinas y pollos, «como el 90% de la gente de los pueblos». Bueno, también tienen un proyecto de hermoso gorrino que pace a sus anchas entre aperos de labranza y un penetrante olor a pienso, a campo. Aquí, fuera de la ciudad, todo ha cambiado mucho. Antaño, recuerdan, era habitual tener «muchos más animales» y al aire libre. Ahora, sin embargo, es casi imposible dar con una casa en la que se adivine el rastro de una gallina. Por suerte, éste fue el mal menor del hallazgo del primer caso de gripe aviar de alta patogenidad, ya que la inexistencia de explotaciones de relevancia en las inmediaciones de Salburua evitó la propagación del virus y por ende, los sacrificios masivos protagonizados en granjas de otros países de la UE.
En Ilarraza, al igual que en Elorriaga o Arrazua, sus vecinos viven ajenos al H5N1, unas siglas que saltaron todas las alarmas de seguridad alimentaria y que hicieron caer las ventas de pollo, 'grosso modo', un 10% en el conjunto de España. «Los medios se tiraron dos meses hablando de la gripe aviar, pero ahora todo está olvidado», asegura Francisco. «La alerta se pasó enseguida. Fue por la gripe aviar, pero es que antes fue lo de las vacas locas y lo de la lengua azul. Luego vendrán otras cosas», matiza Asunción.
También en Ilarraza, al otro lado de la carretera general, vive Rosi, una sonriente mujer de avanzada edad que muestra con orgullo sus trece gallinas, que cada día le abastecen de entre seis y ocho huevos. «¿Miedo? No hemos vuelto a saber nada de la gripe aviar», aclara. Esta opinión es compartida por Ángel Arroyo, propietario de una pequeña finca en Arróyabe, situada junto al embalse de Ullíbarri, otra de las zonas de riesgo. Aquí cría gallinas y perdices y, a diferencia de los anteriores, dispone de una malla pajarera que cubre su corral para resguardar a sus piezas del contacto con las aves silvestres que se encuentren en plena migración y puedan estar infectadas con el virus. «La puse porque me la dijeron y no la he quitado porque no me molesta», explica.
EXTREMAR PRECAUCIONES
En Salburua, sus visitantes pueden observar las más diversas especies de aves y disfrutar del placer de respirar aire puro a sólo tres minutos de la ciudad. Pese a haber perdido 20.000 visitantes durante el pasado año -oficialmente, esta caída no se ha atribuido a la gripe aviar-, sus asiduos -261.000 en 2006- hacen una mueca de extrañeza cuando se les pregunta por esa especie de 'pánico' desatado tras conocerse la noticia. «Es una de las joyas de Vitoria y un sitio privilegiado para pasear. Si hubiera algún riesgo, te aseguro que lo cerrarían. Mientras tanto, aquí nos verás todas las tardes», explican en plena caminata Luis Ángel y José Luis.
Pese a ese silencio informativo de los últimos meses, las instituciones, ya sean autonómicas o estatales, continúan trabajando a destajo en la recogida y análisis de todo tipo de aves. Las diputaciones son las encargadas de velar por la seguridad de su territorio, mientras que en un grado superior se encuentra la comisión de seguimiento creada 'ad hoc' por el Gobierno vasco. En Álava, tal y como explica el jefe del servicio foral de Ganadería, Carlos Marín, se han analizado unas 110 muestras en el primer semestre del año; es decir, más del doble de lo estipulado en el protocolo del ministerio. Una de las dificultades encontradas en el entorno de Salburua es que existen numerosas aves, pero en ámbitos domésticos, lo que dificulta su control. Cuando en su día se estableció el perímetro de seguridad de tres kilómetros, se llegaron a contabilizar 23 explotaciones, con cerca de 600 aves.
Todas las muestras recogidas en la comunidad autónoma se dirigen al municipio vizcaíno de Derio, a Neiker, el laboratorio de referencia en el análisis de la gripe aviar. Desde el hallazgo del somormujo infectado, han sido analizadas 774 aves, sobre todo silvestres y la mayoría recogidas en humedales alaveses y vizcaínos. Como explica su gerente, Asier Albizu, el primer caso de la cepa más mortífera de la gripe aviar hizo que se incrementaran la seguridad de los análisis, pasando del nivel dos al tres. En estas últimas dependencias, nada de los que entra puede salir al exterior. Todo debe ser incinerado. Otra de las novedades es la congelación de las muestras hasta que son sometidas a todas las pruebas y éstas dan negativo. «No tenemos ni muchísimo menos claro que no se produzcan nuevos casos», advierte.
Ahora, todas las miradas están puestas en la próxima migración a gran escala, que se producirá a partir de octubre. Entonces, las aves volarán hacia el sur para pasar el invierno alejadas de las bajas temperaturas del norte de Europa. Aquí radica el peligro de la gripe aviar: que un animal infectado transmita la enfermedad a las aves autóctonas. Euskadi es, además, una de las zonas más sensibles de la Península, al formar parte de una gran 'autopista migratoria'. Quién sabe, también el somormujo lavanco apareció cuando ya nadie lo esperaba.








