
Batasuna, conocedora de las intenciones de ETA, busca evitar que se produzcan titubeos o dudas entre sus bases ante los atentados de la banda. En este sentido, la organización terrorista siempre ha mostrado su desprecio hacia los militantes que «andan cabizbajos respecto a la defensa de la lucha armada», según su propia terminología. En este sentido, Batasuna sabe que se enfrenta a un escenario más complicado de lo habitual para ella. Por un lado, después de una tregua que había ilusionado también a una parte de su militancia. Por otro, con algunos sectores de la izquierda abertzale que aceptaron apoyar a ANV e incluso participar en sus listas ante el mensaje de que era una forma de apoyar el proceso de paz. Estos grupos serían más proclives a mostrar su rechazo a una campaña de asesinatos e incluso no se descarta que se puedan producir desafecciones. Batasuna sabe, no obstante, que existe un núcleo que no pone en duda la acción de la banda y la considera una consecuencia más del conflicto.
Las mismas fuentes han añadido que la propia Batasuna está ultimando una reorganización con la que estar preparada para esta nueva fase en la que ya se cierran las vías políticas y se prepara una nueva etapa de confrontación violenta. Esta reestructuración se comenzaría en breve, con la presentación de un documento estratégico que redefina la política de Batasuna, teniendo como eje la exigencia irrenunciable de la autodeterminación y la territorialidad. A partir de ese punto, el documento defendería la versión más inflexible de la ortodoxia de la izquierda abertzale aunque introduciría algunos factores que se han incorporado en las últimas fechas al discurso radical como la agresividad hacia el PNV y su consideración de partido «traidor», calificativo que extienden a Aralar y a Na-Bai.
Núcleo duro
Esta redefinición, que en la práctica supone volver a las épocas más duras de la ponencia Oldartzen -estrategia de socialización del sufrimiento- iría acompañada a medio plazo de una renovación de las personas que han asumido el poder en la dirección de Batasuna. Según las fuentes consultadas, la intención de la formación ilegal es acabar con una época en la que todo el peso de su acción se ha dirigido hacia el proceso y dar paso a nuevas voces más orientadas a sostener el peso de la actividad política en un momento de confrontación, una vez aceptado que el diálogo ya está roto.
Distintas fuentes han señalado que esta renovación podría suponer el cambio de algunas de las caras que de manera habitual transmiten los mensajes de la izquierda abertzale, aunque se ignora hasta qué punto puede afectar al núcleo duro de la formación. En este sentido, no se descarta la incorporación de personas de la generación más joven de la izquierda abertzale, vinculadas a los sectores más radicales.
La última renovación de la mesa nacional se inició a comienzos de 2006 y se presentó el 24 de marzo de ese año, el mismo día en que entraba en vigor de manera oficial el alto el fuego de ETA. El cambio supuso la incorporación de Rufi Etxeberria, considerado un peso pesado dentro de la organización, así como la recuperación de históricos como Karmelo Landa o el ex parlamentario de HB y ex dirigente de ETA Mikel Zubimendi.
Contenido de contactos
Según las fuentes consultadas, la situación en Batasuna es similar a la que se produjo en 2000, tras la ruptura de la tregua de Lizarra y la decisión de la banda de volver a las armas con una ofensiva sin precedentes. En aquella ocasión, la banda comenzó su escenografía de la ruptura de la tregua con la publicación en el diario 'Gara' de su versión sobre los contactos que había mantenido con el Gobierno y con el PNV. Al igual que ha hecho ahora con la publicación del supuesto contenido de los contactos con el Gobierno de Zapatero y el PSE, la organización se preocupó de ofrecer a sus bases un mensaje que culpara de la imposibilidad de un acuerdo a la otra parte.
Tras difundir su versión de los encuentros, la banda hizo público un pequeño comunicado en el que la dirección etarra admitía que a algunos sectores de la izquierda abertzale les iba a «resultar costoso tener que volver a hacer frente a la confrontación, con todas sus consecuencias políticas y jurídicas». La banda reclamaba entonces a sus bases el cierre de filas para «avanzar políticamente y superar la influencia práctica y psicológica de los golpes policiales» que sabían que se iban a producir, a consecuencia de la escalada de asesinatos que ya habían planificado.






