
El nexo con Al-Qaida podría haberse establecido a través del doctor Bilal Abdula, uno de los dos terroristas que estrelló el todoterreno contra la terminal del aeropuerto de Glasgow y que con su compañero, según apunta ya abiertamente Scotland Yard, también habría colocado previamente los dos coches bomba en el centro de Londres.
Abdula, nacido en Reino Unido porque su padre iraquí ejerció temporalmente la medicina en este país, creció y se formó en el país del Pérsico y desde la invasión occidental mantuvo contactos con elementos extremistas. Su radicalismo suní había sorprendido a algunos de su compañeros en Cambridge, donde pasó tiempo antes de empezar a trabajar en el hospital Royal Alexandra de Paisley, en las proximidades de Glasgow, y también había comenzado a provocar incomodidad entre sus colegas del hospital.
No hay acuerdo en si el reclutamiento de parte de la célula se remonta a antes de su llegada a Reino Unido o si los contactos de algunos de ellos con líderes en el exterior fueron los que llevaron a idear el plan de ataque.
Cerrar la escotilla
En cualquier caso, Reino Unido se esfuerza ahora por cerrar la escotilla que ha permitido la infiltración de terroristas en sus hospitales. El primer ministro, Gordon Brown, anunció ayer en el Parlamento que el Servicio Nacional de Salud, dependiente de gran cantidad de personal extranjero debido a su escasez de médicos, revisará su sistema de contratación, con el fin de analizar el pasado de quienes contrate.
La investigación de los medios británicos se centra ahora en saber qué grado de conocimiento previo tenían los servicios secretos sobre las personas implicadas en los ataques. Al parecer, los nombres de varios de los presuntos terroristas estaban en la lista de potenciales extremistas que tiene el MI5, y que uno de ellos había sido sometido a algún tipo de seguimiento, como sus entradas y salidas del país.
Medios oficiales sugieren que únicamente sus números de teléfonos habían aparecido tangencialmente en la investigación de otros grupos, sin que hubiera suficientes sospechas como para un control más directo. Esos mínimos datos habrían permitido el rápido movimiento policial tras el hallazgo de los dos coches bomba en Londres, con actuaciones de los agentes que reflejaban saber en qué dirección dirigir sus pasos. Scotland Yard cree haber apresado ya a los principales implicados, por lo que ayer el nivel de alerta bajó de crítico a grave ante la sensación de que ya no hay riesgo de otro atentado inminente.






