Como el lector comprenderá, no hay una Ley General de Ascensores y no parece que este asunto sea el cogollo del meollo del PGOU. Por otra parte, tal como señala la federación denunciante, que cuenta con el apoyo del resto de los grupos representados en el Ayuntamiento, (PNV, PP, ANV y EB) hay otros municipios, empezando por el vecino Portugalete, también con alcalde socialista, que han acometido las reformas necesarias para permitir la instalación. Es lógico. No tiene sentido que el PSE sea partidario de reformar en profundidad el Estatuto y sienta repelús a la idea de retocar el PGOU en sus previsiones, para que la distancia entre el ascensor y la ventana más próxima pueda ser inferior a cuatro metros. No es el único inconveniente en opinión del Gobierno municipal; está también el impedimento de que entre en la escalera luz y aire, pero tampoco parece muy consistente el argumento.
En pleno siglo XXI debe de haber procedimientos para renovar el aire en el hueco de una escalera aunque el ascensor ocupe el lugar en el que estaban las ventanas y la luz natural en este sitio no es una necesidad de primer orden. No hay vecino que pase una parte importante de la jornada en la escalera y las Cortes aprobaron una Ley de Accesibilidad con un objetivo específico que no puede ser coartado por aspectos colaterales de un plan de ordenación urbana. El Ayuntamiento, que es de izquierdas, debería considerar que son los discapacitados con menos poder adquisitivo los que sufren la carencia. Los otros viven en casas que traían el ascensor de serie.








