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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Sociedad

móviles
¿Son peligrosas las antenas de telefonía?
El bioquímico Félix Goñi y el físico Joseba Zubia participaron ayer en una mesa redonda sobre los riesgos de estas instalaciones para la salud en la Biblioteca de Bidebarrieta de Bilbao
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¿Son peligrosas las antenas de telefonía?
Goñi y Zubia, ayer en el Casco Viejo bilbaíno. / M. BARTOLOMÉ
Vecinos y ecologistas quieren sacar las antenas de telefonía del centro de Basauri, en los barrios bilbaínos de Txurdinaga y La Peña se suceden las protestas contra estas instalaciones, el Ayuntamiento de Portugalete ha limitado su ubicación a edificios municipales y vecinos de Orduña se han movilizado contra la colocación de una en un hotel. Es mucha gente la que se opone a las estaciones base de telefonía móvil por considerarlas un riesgo para la salud: cree que están detrás de los casos de cáncer, infertilidad, enfermedades neurológicas, disfunciones en el sistema nervioso central y otras patologías registrados en sus inmediaciones. ¿Pero hay pruebas científicas que vinculen estos dispositivos con ésas y otras enfermedades?

El bioquímico Félix Goñi y el físico Joseba Zubia respondieron ayer a ésta y otras preguntas en el salón de actos de la Biblioteca de Bidebarrieta de Bilbao, en una mesa redonda moderada por el periodista Luis Alfonso Gámez y organizada por EL CORREO y la Universidad del País Vasco (UPV), en colaboración con el Ayuntamiento de Bilbao, la Facultad de Ciencia y Tecnología de la UPV, el Círculo Escéptico y el Center for Inquiry. Los dos científicos han comentado a este periódico algunas de las ideas que expusieron ayer a partir de las 19 horas y que suscitaron un intenso debate en un momento en el que crece en toda España la oposición a estas instalaciones.

Rodeados de ondas

«Si la gente supiera lo que son las ondas electromagnéticas, no tendría miedo a las antenas de telefonía. Vivimos rodeados de ellas desde siempre. Estamos bañados por microondas desde el Big Bang, la explosión en la que nació el Universo», dice Zubia, catedrático de Comunicaciones Ópticas de la UPV. «Desde que el mundo es mundo, vivimos rodeados por radiaciones electromagnéticas de origen natural procedentes del Sol, las estrellas, la Tierra...», coincide Goñi, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la UPV y director de la Unidad de Biofísica de la UPV y el CSIC. El problema quizás sea que mucha gente identifica natural con bueno y artificial -en este caso, ondas de telefonía- con malo, algo que no responde a la realidad.

Si usted ve y lee este periódico, es gracias a la radiación electromagnética. La luz visible es una de sus formas y no la que menos energía libera precisamente. Por debajo de ella están las ondas de radio y televisión, y las microondas que usan la telefonía móvil y los hornos de ese tipo. Éstas son las llamadas radiaciones no ionizantes, que pueden calentar -como ocurre con la luz y con los hornos microondas-, pero no romper las moléculas biológicas. «Las ondas de la telefonía no son capaces de hacer nada a nuestras moléculas, de causarnos daño», recalca Goñi, quien añade que «mucha más energía tienen la luz del Sol, la artificial y la luz ultravioleta».

Lo más que nos puede ocurrir por exponernos a la luz visible, natural o artificial, es que sintamos un aumento de la temperatura. Pero la radiación ultravioleta es otra cosa. Tomar baños de sol sin protección puede hacer que desarrollemos cáncer de piel. «No queremos antenas de telefonía, pero pagamos por ponernos morenos con rayos ultravioleta en el chiringuito de la esquina», ironiza Goñi. Por encima de los ultravioleta, los rayos X y gamma -mucho más energéticos y que producen también las estrellas- pueden romper las moléculas como el ADN y generar cánceres. Por fortuna, la Tierra cuenta con un escudo natural, la atmósfera, que nos protege de esas radiaciones.

Las pruebas científicas

«El riesgo de las antenas para la salud es cero o lo más parecido a cero. Son tan peligrosas como escuchar la radio. No hay ningún estudio publicado en una revista científica en el que se haya demostrado algún efecto nocivo. Si lo hubiera, sería de premio Nobel. Significaría que toda la Física del siglo XX está confundida y, entonces, ¿cómo se explica que el hombre haya llegado a la Luna y los aviones sigan volando y no se caigan?», pregunta Goñi, premio Euskadi de Investigación 2002.

Zubia coincide en que no hay pruebas de que las estaciones base de telefonía supongan un peligro. «¿Dónde están, después de tres generaciones de móviles, todos los casos de cáncer de los que hablan quienes se oponen a ellas? Las ondas de telefonía no causan enfermedades, más allá de las psicosomáticas. Esto no es cuestión de fe ni de opinión. Es así y punto. Igual que dos más dos suman cuatro», sentencia el físico, quien destaca que nosotros también emitimos microondas como los móviles.

«El cuerpo humano produce radiaciones de microondas. Tenemos nuestras casas inundadas de ondas electromagnéticas generadas por los motores de la lavadora, del frigorífico, de la batidora y de la aspiradora», explica Zubia. Y apunta que seguramente hay quienes creen que las ondas de telefonía son nocivas, pero no tienen dudas a la hora de comer, merendar o cenar en Artxanda en las inmediaciones de un 'bosque' de antenas repetidoras de televisión cuyas emisiones son de 200 a 300 veces más potentes que las de telefonía.

Para Goñi y Zubia, está claro: el principal riesgo que corremos con las antenas de telefonía es que nos caiga una encima.
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