
Los turistas occidentales que visitan Yemen, la tierra originaria del clan Bin Laden, se quedan fascinados cuando los guías locales les hablan de la 'Hermandad de las Tribus', una ceremonia que se celebra todos los viernes en Wadi-Dahar, a pocos kilómetros de la capital. En aquel lugar se concentran más de 10.000 varones armados hasta los dientes, provistos de dagas y fusiles ametralladores; pero la presencia de las autoridades de Sanáa es nula. Al-Qaida, por el contrario, ejerce un influjo muy poderoso entre los clanes yemeníes, que quizá no son tan religiosos como los saudíes, pero se sienten todavía más orgullosos de su condición árabe.
Yemen es un destino exótico para los europeos que buscan una civilización suspendida en el tiempo, una cultura auténtica. La guerra que Estados Unidos libra allí contra el terrorismo es auténtica. El mes pasado asesinaron a una ingeniero norteamericana que trabajaba para una empresa petrolera de su país. En el atentado resultaron heridas otras seis personas; entre ellas, el director regional de la firma estadounidense.
Ayuda militar
Los extranjeros, ya sean técnicos, soldados o turistas, se desplazan en convoyes de vehículos todoterreno similares al que fue atacado ayer. En la zona que atravesaban los viajeros españoles, un territorio en el que se alquila el servicio de seguridad de guardaespaldas tribales, están en juego importantes intereses mineros y petrolíferos.
Al-Qaida se ha aprovechado del arraigado antiamericanismo yemení para hostigar a Occidente. En 2000, un año antes de los atentados del 11-S, la red de Osama bin Laden había atentado en Yemen contra el buque de guerra estadounidense 'US Cole' y mató a 17 marineros. La masacre de las Torres Gemelas colmó la paciencia de Estados Unidos, que conminó al Gobierno de Sanáa a unirse a la guerra contra el terrorismo o atenerse a las consecuencias. Pero, a cambio, Washington tuvo que entregar al presidente Saleh 16 millones de euros en ayuda militar.
El 3 de noviembre de 2002, una aeronave no tripulada de la CIA disparó un misil al este de Sanáa. Un presunto jefe de Al-Qaida y otras cinco personas murieron calcinadas dentro de un vehículo que circulaba por la región de Marib, la misma donde se produjo el atentado contra los turistas españoles. Un mes antes, en octubre de 2002, fue atacado el petrolero francés 'Limburg' y las primas para los barcos que surcaban las aguas del golfo Pérsico se dispararon un 254%.
Al terrorismo y el caos tribal de Yemen se le añade el conflicto religioso con grupos rebeldes de confesión chií, un enfrentamiento que se ha cobrado las vidas de 4.000 personas desde 2004 y que remitió, provisionalmente, el mes pasado.
Lo que no remiten son los secuestros. «No protestes -aconsejó el coronel Adolph a Robert D. Kaplan-. Sé sumiso. Enséñales fotos de tu familia para entablar una relación. Al cabo de unas horas pide permiso para ver al jeque. Si te llevan a verlo no pasa nada. Se trata de un secuestro autorizado con miras de convencer a las autoridades de que concedan a la tribu una nueva carretera o pozo de agua (...). Si no te llevan a ver al jeque el primer día, empieza a preocuparte».






