
Pero tal vez no fueron los españoles los primeros en hacer la travesía de ida y vuelta, sino los propios indios prehispánicos. Algunos creen que las hojas de tabaco y cocaína que se han encontrado en las pirámides egipcias demuestran la existencia de un comercio oceánico que hasta hora se pensaba imposible por las dificultades de navegación. La expedición del arqueólogo alemán Dominique Gorlitz planea hacer justicia a la historia al repetir la travesía en un barco de juncos propio de la edad de piedra.
El casco ha sido fabricado en Bolivia y transportado por avión hasta New Jersey por DHL, uno de los patrocinadores. Ahí se han terminado de construir las cabañas de cubierta donde vivirán durante los tres meses que dure su aventura, a partir del día 11.
Su reconstrucción ha sido posible gracias a los 15 años que Gorlitz ha pasado estudiando dibujos prehistóricos encontrados en el Alto Egipto, donde acabó por comprender que las rayas laterales que veía en los barcos son, en realidad, paletas que les permitían navegar cuando los vientos no les eran propicios.
«En el mar lo que dicta la travesía son las corrientes», explica Valamas, uno de los dos hispanos que viajan en la expedición de 12 personas. Por eso llegar hasta las Azores no será difícil: lo malo es bajar desde aguas gallegas hasta Cádiz, cuando disminuye la intensidad de las corrientes y los vientos se vuelven impredecibles. Luego, de Cádiz a Canarias, un soplo.
El peligro que más temen no son las tormentas, «porque este barco es «como un corcho», sino ser aplastados por un buque. «Somos chiquitillos, no nos ven», dice Valmana, ahora sin reírse.
A su favor contarán con algunos avances tecnológicos de los que no disponían los osados navegantes de la prehistoria, desde un sistema GPS a un teléfono satélite para casos de emergencia y hasta un ordenador con el que actualizar el diario de a bordo del 'Abora III', bautizado en nombre de una divinidad canaria (www.abora3.com).






