Mañana se celebra un juicio en la Audiencia Provincial de Pontevedra. Por robo y violación el pasado año a una anciana que pasaba de los de 90. ¿Cómo puede esperar que le suceda algo así una mujer de casi un siglo que cavila minuto a minuto del día con la firmeza de que está recorriendo débilmente los últimos pasos de su vida? Es demasiado fuerte. A esta viejita no le queda ni tiempo, cuando el tiempo puede ser el olvido, la sutura de las cicatrices, o un pálido velo para llegar alguna vez a superar el trauma. Vive de recuerdos y los últimos que lleva consigo, y allí estarán cuando sus párpados se cierren, son atroces.
La nonagenaria no sabía si viviría para declarar ante el juez, ni se estaría en su cabales por su elevada edad y grabó en un vídeo con gran entereza el relato pormenorizado de lo sucedido, en el que cuenta con pelos señales todo lo que ocurrió tras aquel instante maldito en que abrió la puerta a un joven. Tan inesperados eran los hechos que denunció después la abuela violada que en un primer momento la reacción del pueblo fue de incredulidad, no se daba crédito al inesperado horror de los hechos. Si la víctima, Elisa Santamaría, acude hoy al juzgado, su abogada en prevención ha solicitado un biombo que la separe del acusado. Es irrefutable, como dijo el clásico, que siempre vieron muchos males los que mucha edad vivieron. Pero hay miradas que los ojos cansados, con las pupilas dilatadas de espanto, son incapaces de resistir.






