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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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Casi 40.000 personas colapsaron las campas de Kobetamendi para ver a Metallica, que ofrecieron un concierto apoteósico
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FUERZA. El baterista Lars Ulrich gesticula a un público enfervorizado. / FERNANDO GÓMEZ
Metallica pulverizaron ayer todos los registros. Coparon la capacidad de un recinto con carencias, estuvieron a la altura de su mito y protagonizaron el mayor concierto de pago nunca ofrecido en Euskadi, superando incluso a unos Stones en cuyos macrobolos, con mucho de acto social, suelen proliferar los invitados. Las 39.740 personas que oficialmente presenciaron su masiva ceremonia elevaron a 94.712 la asistencia global a la segunda edición del BBK Bilbao Live, que deberá concretar su modelo de festival. Y es que ante aglomeraciones de este pelo, al final queda la sensación de que, si no pasa nada, es porque la mayoría de la gente que acude a este tipo de eventos es más civilizada de lo que muchos creen.

La banda de 'stoner rock' Nebula actuó a la hora prevista en principio a Incubus, que prefirieron cerrar el festival. Después de veinte años de carrera, el cuarteto angelino ha logrado mantener la fidelidad de la nación metálica, atrayendo además a un público plural, acorde con el estatus comercial del un grupo que ya ha colocado 90 millones de discos.

Con veinte minutos de retraso, Metallica saltaban por fin a un escenario alejado de los grandes montajes de giras oficiales. Con el baterista Lars Ulrich centrado en primer plano, dos rampas daban acceso a una plataforma superior tras la que se alzó una gran pantalla de 25 metros. Imágenes de 'spaghetti western' y la ampulosa música de Ennio Morricone dieron inicio a un concierto saludado con miles de manos cornudas y coros generalizados.

Puede que Metallica hicieran tirarse de los pelos al sector más integrista del heavy cuando decidieron cortarse el suyo y atemperar su férrea apuesta metalera con 'Load', pero saben que su leyenda descansa en su repertorio más clásico, el de álbumes como 'Kill'em all', 'Master of Puppets', que repasaron casi al completo, y el supervendedor 'Album Negro'.

En Bilbao abrieron con el tema central de su disco homónimo 'Ride the Lightning', del que también encadenaron 'From Whom the Bells Tolls'. Aun sin el sonido pulido (no se distinguía la voz de James Hetfield) arrancó 'Four Horsemen', cuya pegada 'trash' de guitarras cortantes atronó como un apocalíptico ataque de caballería.

'Memory Remains', con su ampuloso epílogo de coros como de madrigal medieval, fue una de las exiguas concesiones al repertorio reciente de unos Metallica que pisaron el acelerador 'trash' con 'Battery', cuyo ataque galopante abrió el bloque central dedicado al álbum con el que hace 21 años revolucionaron la música metálica. Sonaron épicos y aplastantes 'Master of Puppets', 'Sanitarium', 'Disposable Heroes' y el instrumental con querencias sinfónicas 'Orion', que dio lucimiento al chicano Robert Trujillo y que dedicaron al primer bajista del grupo, Cliff Burton, muerto en accidente hace 21 años.

Para el largo bis que concedieron después de hora y media larga de arrollador concierto quedaron 'Sad But True' y 'Nothing Else'. El doble del 'Black Album' dio paso al primer bombazo de fuegos artificiales que salpicaron una arrolladora versión de 'One' y el popular 'Enter Sadman', para el que siempre suelen reservar alguna sorpresa. Fue el único artificio en una banda que engancha sin tirar de la habitual aparatosidad del heavy, sustentada en las guitarra rampantes de un James Hetfield con provecta perilla canosa, el virtuosismo nada fatuo del ese 'guitar hero' que es Kirk Hammet y la pegada de Lars Ulrich. 'Sick & Destroy' puso el broche en el set de un grupo que, a tono con ese titulo clásico y como dicen los anglosajones, no toma prisioneros.
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