La cumbre comunitaria del miércoles en Lisboa para firmar con el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, el primer gran acuerdo de cooperación entre la Unión y el gigante sudamericano supone toda una declaración de principios en el arranque del mandato luso. El Gobierno portugués quiere que Brasil, y con él Mercosur y América Latina, reciban más atención de la Europa comunitaria y se dé un impulso a los acuerdos comerciales bloqueados durante años.
Tras una presidencia alemana marcada por el esfuerzo para superar la parálisis de la fracasada Constitución y la cercanía germana a la Europa del Este los portugueses buscan ahora mayor protagonismo para la frontera sur del continente, donde se acumulan los más graves problemas mundiales de subdesarrollo y emigración ilegal. Tras siete años sin encuentros de alto nivel, desde la primera y única cumbre euro-africana, celebrada también bajo presidencia portuguesa de la UE, Lisboa se afana ya para que ochenta jefes de Estado de los dos continentes se reúnan en esta ciudad el 8 y 9 de diciembre.
Las sanciones europeas y el rechazo especial de Reino Unido al régimen de Robert Mugabe, han convertido la participación de Zimbabue, defendida por varios países africanos, en el principal escollo de la conferencia, aunque Portugal ha expresado su voluntad de aplicar alguna fórmula diplomática para no excluirle.






