En la primera sesión del juicio oral que se sigue en la Audiencia de Vizcaya, el acusado ha asegurado ser inocente de los delitos de agresión sexual y asesinato que se le imputan y por los que el fiscal reclama para él una condena de 31 años de prisión. La acusación particular eleva la pena a 47 años de cárcel y reclama 800.000 euros de indemnización. Según ha denunciado cuando ha tomado la palabra ante el tribunal, la declaración autoinculpatoria la hizo debido "a la presión y las amenazas" que recibió por parte de los agentes de la Ertzaintza que realizaron la investigación y además en un interrogatorio sin la presencia de su abogado.
La Sala ha escuchado el primer relato que ofreció el joven en sede judicial donde Mikel H.B. ha reconocido que la noche del 14 de octubre de 2005 había quedado, a las afueras del municipio vizcaíno de Bakio, con la que fuera su novia para decirle que hacía una semana había contraído matrimonio con una mujer y le pidió además que guardara el secreto de que su esposa ejercía la prostitución. Añadió que Aintzane, al conocer la noticia, empezó a llorar, ambos se abrazaron y mantuvieron relaciones sexuales. Sin embargo, el joven le dijo que "por respeto a su mujer" esos encuentros se iban a acabar, por lo que ella "se lo tomó muy mal" y comenzó a insultarle.
En esa misma declaración, Mikel H.B. reconoció que antes de la cita había consumido cocaína y que, nervioso por la reacción de la mujer, tomó un cuchillo que llevaba en el maletero y le propinó varias puñaladas en la cara y el cuello, pero que, a pesar de las lesiones, ella logró huir. A continuación, él recogió la ropa y otros objetos personales de la joven, además del arma y el preservativo que habían utilizado y los trasladó su coche para arrojarlos a un vertedero.
Cambio de versión
Sin embargo, esta mañana el joven ha cambiado esa versión y ha asegurado que tuvo que asumir el crimen tras "más de diez interrogatorios en comisaría, muchas horas en el calabozo y gran presión" por parte de los agentes que le animan a autoinculparse para obtener beneficios e incluso le "amenazaron" con implicar a su esposa en el asesinato, según ha afirmado. Así, ha relatado que tras encontrase con Aintzane la noche de los hechos para decirle que daba por finalizada su relación "con derecho a roce", ella se enfadó y abandonó el lugar conduciendo su propio vehículo.
El letrado de la defensa, Javier Beramendi, ha preguntado a Mikel H.B., sobre el "problemático" momento personal que vivía en octubre de 2005, mientras trataba de ocultar a su familia que su esposa ejercía la prostitución, cuando además sus padres se acababan de separar, se había enterado de que era un hijo adoptado y también tenía conflictos en el trabajo. Todo ello, le llevaba a consumir drogas de manera esporádica, aseguró.
La primera testigo fue la madre de la víctima, quién ha explicado que la noche en que su hija desapareció había recibido muchos mensajes del acusado en el teléfono móvil y que aunque la joven dijo que salía con una amiga, su progenitora intuyó que no era así cuando se fue a las 23 horas. Entre sollozos, la mujer ha recordado que a la mañana siguiente, cuando comprobó que Aintzane no había dormido en casa y que no había acudido a trabajar, "supe que algo grave había pasado porque no era propio de ella desaparecer sin avisar". Telefoneó a dos de las amigas de su hija y al decirle que desconocían su paradero, "pensé en Mikel" y "mandé a mis hijos a buscarla a Bakio, donde ella me contaba que solían quedar".
Ambiente de violencia
Los hermanos de la fallecida han relatado también la angustia de la familia durante los tres días que buscaron a Aintzane, en colaboración con la Ertzaintza y junto a vecinos de Barrika, donde está situada la vivienda familiar, hasta el hallazgo del cadáver en una zona boscosa, junto un acantilado de Bakio. La primera sesión del juicio ha vivido un momento de tensión cuando al término de la declaración de uno de los hermanos de la víctima, que había explicado que la joven era muy reservada y que no sabía que seguía viéndose con el acusado, le ha increpado al acusado diciéndole:"Mírame a la cara, cabrón".
Por su parte, la madre del acusado, que fue durante 12 años cónsul honoraria de España en Ruanda, ha relatado escalofriantes situaciones que reflejaban el ambiente de violencia en que creció el acusado cuando la familia vivía en aquel país africano en plena guerra civil. Ha relatado que su hijo presenció como un rebelde le puso un machete en la cabeza para tratar de robar en su casa y que en otra ocasión, vio cómo le disparaban dos agentes policía mientras trataba de atender a una mujer herida, situaciones que impresionaron a Mikel en su adolescencia, quién además estuvo afectado por la separación de sus padres, reconoció.