Los demócratas han conseguido finalmente hoy la mayoría en el Senado de EEUU, después de que el candidato republicano por el estado de Virginia, George Allen, reconociera públicamente su derrota frente al demócrata Jim Webb.
Su escaño era el único que quedaba por aclarar definitivamente, ya que ayer, miércoles, por la noche, ya se habían adelantado los resultados. Sin embargo, Allen no había reconocido aún su derrota.
Con el escaño de Virginia en el Senado, los demócratas han arrebatado seis a los republicanos en las elecciones del martes, en las que estaban en juego 33 asientos.
Desde enero, cuando se reúna la nueva Legislatura, tendrán una bancada con 49 miembros en la Cámara Alta, frente a los también 49 de los republicanos. Los otros dos pertenecen a independientes que han prometido votar con los demócratas, lo que en la práctica concede la mayoría a estos últimos.
Hoy el senador republicano Conrad Burns, de Montana, también ha reconocido su derrota ante el demócrata Jon Tester en las elecciones, en otra de las elecciones que se han resuelto por un margen muy pequeño de votos.
En Virginia, Allen podría haber pedido por ley un recuento de los votos, pues la diferencia entre ambos candidatos, de algo más de 7.000 papeletas, no llega al uno por ciento de los más de 2,3 millones de votos emitidos. La reacción del líder de los demócratas en el Senado, Harry Reid, quien encabezará la mayoría en la Cámara Alta desde enero, no se ha hecho esperar, al afirmar que ha llegado "la hora del cambio".
Con el triunfo en el Senado, los demócratas se aseguran el control de las dos cámaras del Congreso, pues ya habían confirmado su mayoría en la cámara de Representantes.
Bush, abierto a sugerencias
El presidente de EEUU, George W. Bush, ha afirmado hoy que está abierto a sugerencias sobre la política a seguir en Irak, tras la victoria demócrata en las elecciones legislativas.
Bush se ha reunido hoy con su Gabinete para analizar la situación, después de unos comicios que han dejado la mayoría de la Cámara Baja y del Senado en manos de los demócratas.
Los demócratas basaron buena parte de su campaña electoral en las críticas a la política del Gobierno hacia Irak, donde permanecen desplegados cerca de 140.000 soldados de EEUU. Desde el comienzo de la guerra han muerto en torno a 2.800 militares de esta nacionalidad en el país árabe.
Según ha explicado el presidente, junto a su Gabinete, en una breve declaración en los jardines de la Casa Blanca, "no importa de qué partido sea uno, todos tenemos la responsabilidad de garantizar que las tropas cuentan con los recursos y el apoyo que necesitan para imponerse" en Irak.