En una habitación llena de escombros, un grupo de prisioneros, de cara a la pared. Detrás, varios hombres armados. Son supuestamente, soldados del presidente Assad. Uno de ellos saca de la habitación a varios cautivos y comienza el macabro y cruel ritual. Primero muestran sus cuchillos, luego rasgan las camisetas de los prisioneros y luego sonríen a la cámara. Se aseguran de que todo queda grabado. Después, llegan las cuchilladas. Una vez en el suelo, uno de los matones les remata arrojándoles enormes cascotes y de nuevo sonríen para la cámara.La ONU, siempre conservadora en sus calculos, asegura...
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