Tarjetas microSD: consejos de compra y errores a evitar

Cuentan con una gran capacidad de almacenamiento, son muy versátiles y su precio es realmente contenido pero… ¿qué hay que tener en cuenta al adquirir una?

IÑIGO GALPARSORO

Ante la gran avalancha de información que ofrece nuestro entorno, tan digitalizado como saturado de datos, disponer en nuestros dispositivos de una buena capacidad de almacenamiento resulta esencial. Queremos sacar fotografías de gran resolución para compartirlas con nuestros amigos, nos gusta grabar vídeos de nuestros hijos en calidad FullHD (si no 4K), tener a mano todo tipo de archivos y/o descargar las más variadas aplicaciones y juegos…. Y claro, a menudo (especialmente en terminales de gama baja) nos encontramos con un gran problema: que la memoria interna se nos llena muy rápidamente. Y todo por ‘culpa’ de esos vídeos tan virales que nos han pasado en un grupo de WhatsApp o por ese ‘pesado’ juego de moda que recientemente hemos instalado…

Por ello, para muchos las tarjetas microSD se han convertido en una tabla de salvación. Cuentan con unas dimensiones muy reducidas (11 mm. x 15 mm.), su capacidad de almacenamiento cada vez es mayor (son capaces de alcanzar ya los 512 Gb. o más), están totalmente estandarizadas, ofrecen una gran versatilidad… y, por si fuera poco, su coste se ha reducido notablemente en los últimos años.

Eso sí, a la hora de optar por una u otra, la cosa se complica (y mucho), ya que nos dejamos llevar por los grandes números que nos venden las ofertas de última hora… sin saber muy bien qué significan. Algo que, por otro lado, no es de extrañar habida cuenta que no resulta nada fácil ‘descifrar’ los dígitos de unas microSD que a veces recuerdan más a un jeroglífico que una simple tarjeta de almacenamiento.

El almacenamiento como prioridad

Cuando tenemos entre manos una microSD, lo primero que llama la atención es el tipo de tarjeta: microSD, microSDHC y/o microSDXC, algo que viene representado con grandes letras en la parte frontal. Estas hacen referencia a la capacidad de almacenamiento que permite cada una, un aspecto que la mayoría de usuarios siempre prioriza en su compra. Por ejemplo, las microSD alcanzan los 2 Gb. de almacenamiento como máximo, mientras que las microSDHC pueden llegar a los 32 Gb. Las microSDXC permiten mayores capacidades (van desde los 64 Gb. hasta los 2 Tb).

En este aspecto, lo primero que hay que tener en cuenta es si nuestro terminal admite microSD (resulta obvio pero no todos incorporan esta opción), de qué tipo y cuánta capacidad. Eso sí, tal y como explican Raquel Pérez, product manager de Accesorios de telefonía en MediaMarkt, y Manuel Arenas, product manager en Fotografía y Accesorios, «si bien algunos modelos antiguos pueden presentar problemas de compatibilidad, la mayoría de las productos que se lanzan actualmente al mercado ya soportan las tarjetas SDXC».

A pesar de ello, siempre es importante comprobar las especificaciones del producto que presenta el fabricante antes de escoger entre uno y otro modelo porque, por ejemplo, una tarjeta microSD o microSDHC funcionará en un dispositivo microSDXC, pero no a la inversa. «En general, para saber qué tipo de tarjetas son compatibles con cada modelo de móvil deberemos revisar las especificaciones del mismo. De esta manera estaremos seguros de estar usando la opción ideal», explican.

¿Y qué pasa si adquiero una tarjeta de 64 Gb. y mi móvil sólo admite 32 Gb.? «Los móviles que no soportan las tarjetas superiores a 32 Gb. suelen estar optimizados para tarjetas microSDHC, por lo que suelen dar error de lectura al usar una tarjeta de 64 Gb, ya que necesitarían ser compatibles con los formatos SDXC. Eso sí, habría que revisar las especificaciones de producto para estar completamente seguro», explican Raquel Pérez y Manuel Arenas.

Lo realmente importante

Todo esto, en lo que respecta al almacenamiento. Porque, nos guste o no, suele ser el único apartado que tenemos en cuenta a la hora de adquirir una tarjeta microSD... y a veces no es una decisión nada acertada. ¿Por qué? Para Raquel Pérez y Manuel Arenas, el apartado más importante a valorar es la tasa de transferencia o velocidad de escritura. «Es la capacidad que tiene la tarjeta microSD de asumir una determinada cantidad de información por segundo. Este aspecto es especialmente delicado en la grabación de vídeos de alta calidad ya que, cuanta más calidad tenga el video más información por segundo deberá asumir la tarjeta», señalan. Lógicamente, «cuanta más calidad tenga el vídeo más memoria nos ocupará, por lo que habrá que escoger tarjetas con una capacidad mayor (32 Gb., 64 Gb. o 128 Gb.), fijándonos siempre en las compatibilidades específicas de cada producto», explican.

En este aspecto, las tarjetas se dividen en clases, que definen las velocidades de la tasa de escritura de una tarjeta y que vienen indicadas en la cara frontal de la tarjeta 'dentro' de una C. Las clases van desde la 2 (2 Mb por segundo), hasta la 10 (10 Mb por segundo). Es importante advertir que se trata de la velocidad mínima de escritura que aseguran las tarjetas microSD, aunque en circunstancias óptimas pueden alcanzar picos mucho más altos. De hecho, muchos fabricantes suelen indicar estas velocidades máximas con grandes números en la propia tarjeta microSD, algo que puede dar lugar a equívocos.

Entonces, ¿cuál es la mínima que me asegura un buen rendimiento en mi smartphone? «En un móvil habrá que analizar las necesidades, ya que para usar la cámara de fotos y vídeo o algunos juegos y aplicaciones, desde la propia tarjeta de memoria requeriremos velocidades mayores», detallan Raquel Pérez y Manuel Arenas.

Tarjetas UHS

Eso sí, para garantizarnos un mayor rendimiento es básico que la tarjeta microSD cuente con un bus de datos UHS (Ultra High Speed), algo que incorporan las micro SDHC y SDXC. ¿El motivo? Permiten mayores velocidades y rendimiento. Las hay de dos clases, UHS-I y UHS-II, que se diferencian en el ancho de banda y, por consiguiente, en las tasas máximas de escritura y lectura (la UHS-I alcanza los 104 Mb./seg. mientras que en la UHS-II se llega a los 312 Mb./seg). Esto viene representado en la frontal de la microSD con un número romano (I o II). Asimismo, en el bus UHS también hay diferencias en la velocidad mínima de escritura, aspecto que viene indicado con una U. La U1 asegura una velocidad mínima de 10 Mb./seg., mientras que la U3 señala una tasa de 30 Mb./seg.

Sea como fuere, «son tarjetas de memoria que nacen para dar cobertura a los nuevos formatos de grabación que, al trabajar con unas calidades mucho mayores, también necesitan tasas de transferencia que soporten la gran cantidad de información que generan por segundo. Por ello, están especialmente indicadas para grabación de formatos en 4K o UHS en productos como action cams o móviles», afirman los product manager de Accesorios de Telefonía y Accesorios de MediaMarkt.

Además de estas tarjetas, es posible encontrar tarjetas de clase V, que están indicadas para resoluciones de vídeo más altas (van desde los 6 Mb./seg de la V6 hasta los 90 Mb./seg de la V90, siempre velocidades mínimas). Recientemente también han salido al mercado tarjetas microSD con el estándar A1, especialmente indicadas para ejecutar aplicaciones en nuestros smartphones con una mayor velocidad de transferencia y un mejor rendimiento.

La tecnología de las tarjetas microSD sigue evolucionando a pasos agigantados, de ello no hay duda. Eso sí, más allá de sus grandes beneficios, no hay que subestimar el almacenamiento interno del propio terminal. Y es que «por motivos técnicos y de conexión del dispositivo, aunque cada día mejoran las velocidades y las tasas de transferencia la memoria microSD no alcanza todavía las velocidades de la memoria interna», finalizan Raquel Pérez y Manuel Arenas.

Fotos

Vídeos