STARTINNOVA

Una clase de emprendedores

Las promotoras de una joven empresa bilbaína cuentan su experiencia a un grupo de alumnos en el programa STARTInnova

:: IRATXE BERNAL

"Ser emprendedor acaba colándose en todos los aspectos de tu vida. Hace que lo veas todo de otra manera. Aprendes lo inimaginable y ves que eres capaz de hacer cosas que antes te parecían impensables". Pretty Sangrona no disimula su orgullo al explicar cómo la puesta en marcha de Bibóo Bikes, la empresa que en 2005 fundó junto a José Ramón y María Ribate en Bilbao, le ha "hecho crecer como persona". Con ello trata de contagiar su entusiasmo a los alumnos de primero y segundo de Bachiller del Colegio Berrio-Otxoa de Santutxu. Especialmente a los miembros de los siete grupos que representan al centro en la quinta edición de STARTInnova. A éstos no sólo les interesaba qué velocidad cogen las bicicletas eléctricas que fabrica y vende Bibóo, cuántos kilómetros tienen de autonomía o cuánto tarda en recargar la batería. No.

El interés de los participantes en el concurso de ideas empresariales organizado por El CORREO para promover el espíritu emprendedor entre los estudiantes de Bachillerato y Formación Profesional exigía ir mucho más allá. Debían rebobinar hasta la constitución de esta firma participante en B-Venture, el mayor evento de financiación para "startups" del norte de España, para tomar ejemplo y extraer tantos detalles como fuera posible para enriquecer sus propios proyectos. Y, aunque la vergüenza pesó un poco al principio, los ánimos de sus profesoras de economía, Lourdes Iglesias y Nerea Isoird, terminaron de soltarles la lengua.

La primera pregunta: ¿Por qué una bicicleta? "Lo primero fue ver si teníamos o no mercado –respondió Pretty–. Las bicicletas eléctricas son muy conocidas en otros países de Europa, pero no aquí. Sin embargo, vimos que las cifras de ventas en los lugares donde ya se emplean iban en aumento y decidimos ser optimistas y esperar que fuera una tendencia que también llegara a España. Cada vez hay más personas que hacen deporte, que apuestan por la movilidad sostenible y que encima están interesadas en la tecnología", explicó.

Perfil propio

A partir de ahí, los emprendedores debieron pensar qué camino tomar: trabajar para ellos o para terceros. "Decidimos que, ya que nosotros íbamos a realizar todo el esfuerzo, queríamos hacerlo para nosotros mismos y no para una marca ya establecida que se llevará un fijo de ese esfuerzo. No queríamos ser distribuidores, sino fabricantes", manifestó vehemente Pretty ante los estudiantes. "Lo segundo fue segmentar el público. Decidir a quién nos dirigíamos", añadió María para completar la explicación de su compañera.

Las dos fundadoras reconocieron que buscar un nicho de mercado resulta complejo, pero también fundamental para el éxito de una empresa, y que en ese objetivo conviene marcar perfil propio. "A quienes ya conocen o ya han usado una bici eléctrica le tienes que dar algo diferenciador, así que desde el principio tuvimos que posicionarnos en un segmento concreto, el de la alta gama y la venta por internet, ofreciendo un diseño supercuidado y personalizable además de un trato directo", aclaró María. "Tienes que atraer a los clientes con muchísimo marketing, yendo a un montón de eventos y patrocinando un montón más, porque la tuya es una marca absolutamente nueva y no te conoce ni chus", recomendó a los estudiantes.

En ese repaso a los fundamentos de la puesta en marcha de un negocio, Pretty consideró fundamental recurrir a "a marcas de prestigio –en su caso, para conseguir algunos de los componentes de las bicicletes–, que dieran confianza al cliente que sí conoce el sector", ya que "anosotros entonces no nos conocían".

Eso, para hacerse hueco en Europa, a donde ya envían el 40% de su producción. En el caso de España, la tarea es un poco más ardua. "Muchas veces tenemos que hacer un poco de labor, digamos, didáctica. Si el cliente no conoce las bicicletas eléctricas lo primero que tienes que venderle no es tu marca; es el producto", subrayó María. Cuando la empresa empezó, sólo trabajaban tres personas. Ahora son diez y su facturación anual es de 350.000 euros. "Cuando logras eso por ti mismo es un orgullo y, aunque nadie sabe cómo le va ir en el futuro, todo lo aprendido en tu propia empresa vale más que hacer un máster", concluyó ante un público juvenil que escuchó sus explicaciones en completo silencio.

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