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"Tu proyecto vale lo que el mercado esté dispuesto a pagar"

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La impulsora de Sinnple, Iranzu Sainz de Murieta. / MICHELENA

  • La consultora Iranzu Sainz de Murieta acerca a los participantes en STARTInnova al emprendizaje social

«Para saber si debemos apoyar un proyecto hay que mirar si tiene mercado, si es coherente, y a veces eso se ve sólo con aplicar ‘el Canvas’». Iranzu Sainz de Murieta termina la explicación haciendo un guiño al auditorio, la chavalería de los casi 50 centros vascos de Bachillerato y FP que este año participan en la segunda edición de STARTInnova. A estas alturas del curso todos ellos tienen ya dominada la teoría del famoso modelo de negocio Canvas, y ahora, gracias a la charla digital con esta consultora guipuzcoana, comprueban lo útil que resulta esta metodología para analizar ideas de negocio fuera de las aulas.

Sainz de Murieta la conoce al dedillo. Durante un tiempo dirigió una red de inversores, de ‘business angels’, dispuestos a financiar a nuevos promotores. A ella le tocaba ver si «las ideas que llegaban tenían algún sentido o eran una completa locura». Hasta que un día, «por puro contagio», decidió ser también emprendedora. Dedicaría toda esa experiencia como consultora a ayudar a emprendedores sociales, «a personas con iniciativas de negocio que piensan más en solucionar un problema social que en forrarse». «Eso no significa que no quieran ganar dinero -matiza-. Significa que lo más importante para ellos es cubrir deficiencias en la sanidad, la educación, la integración laboral de algunos colectivos... Pero una empresa, no importa el fin que tenga, siempre tiene que ser sostenible y siempre debe de estar orientada a las personas».

Ecógrafo con baterías solares

Iranzu creó hace tres años junto a Iñigo Benedicto la consultoría Sinnple, dirigida a «concienciar a las empresas sobre su impacto social», además de ayudar a los emprendedores a que, «pese tener ideas fantásticas, el invento no se les caiga por tener un mal planteamiento». Entre los proyectos de los que se siente más orgullosa describe emocionada dos relacionados con la salud. El primero, el de un ingeniero de telecomunicaciones que ha desarrollado un ecógrafo portátil que funciona con baterías solares y que se puede trasladar en una mochila. «En países en vías de desarrollo, donde cualquiera no puede trasladarse al hospital, un invento como este, que encima sólo cuesta 20 euros, es un hallazgo porque ayuda a salvar vidas. Ya se han hecho pruebas piloto en Guatemala y nosotros le estamos apoyando en su llegada a otros países. Participar en algo así, aunque sea mínimamente, es una gran satisfacción personal».

El otro caso es el de un emprendedor que ha desarrollado unas tiras que permiten recoger muestras de sangre para poder detectar hasta una treintena de enfermedades incluso cuando la sangre ya está seca, por lo que los análisis se pueden hacer por vía postal y la idea es aplicable en cualquier parte del mundo, incluso en las zonas menos desarrolladas. En este caso «el emprendedor es un genio, pero no sabía cómo afrontar la parte empresarial del proyecto. Es verdad que no todas las ideas son así -reconoce Sainz de Murieta-, pero tampoco hay que tener una ‘megaidea’ para emprender. A veces basta con fijarse en lo que uno sabe hacer y otras veces hay que esforzarse por pensar en positivo y sacar algo bueno incluso de las malas noticias».

En ese «empeño por ser optimista» le gusta recordar un caso noruego, el del padre de un chico autista que supo dar la vuelta a la situación y «peguntarse en qué era muy bueno su hijo». El chaval tenía una inmensa capacidad de concentración y detectaba enseguida los errores, dos virtudes para, por ejemplo, alguien que desarrolle o supervise programas de software. «Así creó una empresa que sólo emplea a autistas, pero que ofrece un servicio de un alto valor añadido», explica.

Sin embargo, el esfuerzo y el positivismo no deben «anular el sentido común». «Tu proyecto vale lo que el mercado esté dispuesto a pagar, no lo que tú crees que vale, así que siempre hay que saber qué piensa de ti el mercado. Hay que ser atrevido, arriesgado, pero no imprudente. Yo, por ejemplo, no recomiendo que nadie se lancé a innovar sin un colchón económico que le permita cubrir sus necesidades durante unos meses», advierte.